jueves, 4 de marzo de 2010

Un viaje al futuro en el cercano oriente.

Recordar el pasado es muy útil cuando se lo utiliza para ver los errores cometidos y evitarlos en el presente. Pero con ello no evitamos los nuevos que en el presente se puedan cometer. Sólo por sus consecuencias, durante el futuro los podremos identificar como tales.
Imaginar el futuro para evitar errores en el presente, no es muy fácil. No obstante, haremos el esfuerzo de viajar a un futuro imaginario dentro de la escena que nos ofrece el cercano oriente.
Israel y los palestinos, dejando de lado exigencias y condiciones previas, se sientan, por fin, alrededor de la mesa de deliberaciones para tratar la manera de llegar a un acuerdo de paz. Es tan sincera la intención de terminar con el viejo conflicto que tanto daño les produjo a ambos, que el deseo de arribar a un acuerdo se pone de manifiesto en cada cambio de ideas. Los renunciamientos y las concesiones son ofrecidas por las partes en todas las sesiones. Como era de esperar, un apretón de manos corona lo emprendido, y nace un nuevo estado al lado del Estado Judío de Israel, el Estado Palestino que ocupa un alto porcentaje de la Cisjordania y Gaza aún en manos de los rebeldes.
Llueven copiosas felicitaciones y reconocimientos prevenientes del mundo libre. La euforia es grande. Pero, ¿que sucede con las extremas que, en este imaginario futuro, aun persisten en ambos países?. La extrema israelí le sigue produciendo dolores de cabeza al Estado de Israel, aunque son dolores que no amenazan un cambio en el panorama geopolítico de la zona. En cambio, el extremismo que puede producir una catástrofe inmediata, es el poderoso fundamentalismo musulmán que desde Irán, Gaza y el Líbano muestra, con mirada amenazadora, sus afilados dientes al país recién nacido.
Sigamos imaginando y pensemos en la muy cierta posibilidad, que los rebeldes que se instalaron por la fuerza en la franja de Gaza, se instalan de la misma manera en el resto del nuevo país, convirtiendo los territorios cedidos en fuertes plataformas de lanzamiento de misiles contra Israel. Esto nos recuerda la triste retirada de Gush Katif. Igual que en aquel entonces, Israel se ve obligado a defenderse, y emprende un ataque contra los agresores, mucho más amplio que el anterior.
Con este triste y factible panorama que nuestro viaje al futuro nos puede deparar, llegamos a la conclusión que arribar a un acuerdo de paz con los palestinos es un grave error, si previamente no se convence al fundamentalismo musulmán, que a Israel le asiste el derecho de existir en el Medio Oriente. No obstante, comenzar a deliberar no es un error. Es fundamental para el mundo libre, mantener siempre abierta la vía a una posible solución del conflicto árabe-israelí. El esfuerzo para establer la paz en el Medio Oriente, asegura el apoyo de las potencias occidentales a las partes que deliberan, porque constituye un intento de establecer una presencia democrática mas sólida en la zona. Además, siempre que se conversa, la violencia y el peligro a la seguridad existencial de Israel, disminuyen. Esto es primordial para occidente. Israel es la única democracia que el mundo libre tiene metida como cuña en un área plagada de dictaduras, cuña que actúa como efectivo dique contra el expansionismo musulmán. Además, cuán valioso es para los judíos y los árabes amantes de la libertad y la paz, mantener viva una luz que ilumine a la esperanza de llegar a ella.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.

¿Israel quiere paz?

Al margen de lo que los palestinos puedan pensar en relación al proceso de paz en el Medio Oriente, no es descabellado suponer que el gobierno de Israel no esta interesado en conversar con ellos sobre ese tema. Buena cantidad de declaraciones pronunciadas por el primer ministro Beniamín Netanyahu, que resultaron ser condiciones previas inaceptables por los palestinos, han alejado aún más a la ya distante mesa de deliberaciones.
Otra actitud que refuerza esa suposición, es la inoportuna decisión de declarar sitios históricos judíos a la tumba de Raquel en Belén, y la de los Patriarcas en el corazón de Hebrón. Esta declaración ha provocado una natural ira entre los árabes, quienes consideran a la medida como una incautación ilegal de dos lugares ubicados dentro de los territorios en litigio, con los agravantes que la tumba de Raquel incluye a la mezquita de Bilial Bin Rabah, y que la tumba de los patriarcas también es venerada por los musulmanes, quienes comparten con el judaísmo su común patriarca: el bíblico Abraham, según la tradición, allí sepultado.
Si es que Israel quiere vivir en paz con el futuro país de los palestinos y ser su amigo, ¿porqué no compartir con ellos el patrimonio de esos santos lugares?. ¿El Gobierno de Israel quiere o no quiere concertar la paz con sus vecinos?. Si es que quiere, fue ésta una medida errónea, completamente innecesaria que no contribuye en nada al proceso de paz. Fuera de dar su visto bueno a la existencia de dos estados para dos pueblos en el Medio Oriente, Netanyahu no ha hecho nada para acercar a las partes en litigio. Por el contrario, con sus declaraciones sólo ha derramado peligroso aceite al fuego, provocando una tensa y artificial calma cuyo desenlace nadie puede pronosticar. Como consecuencia y para comenzar, importantes disturbios han ocurrido entre árabes y el ejército de Israel en Hebrón y un llamado terrorista a iniciar una tercera intifada. ¿Esa es la paz que el Gobierno de Israel pretende?
Para atraer a los palestinos a conversar y lograr juntos un acuerdo de paz, no es necesario otorgarles peligrosas concesiones por anticipado. Pero tampoco es necesario agregar piedras al sendero con inoportunas medidas, que bien podrían ser presentadas como propuestas sobre la mesa de deliberaciones. Si es que en realidad se quiere conversar con el enemigo, con sólo saber qué no decir, ya se facilita enormemente el camino. Y justamente, el saber qué no decir es lo que le falta a nuestro Primer Ministro. Palabras que no deben ser dichas son suficientes para entorpecer lo que se intenta encontrar. Sus declaraciones sólo sirvieron para alejar aún más, al que se quiere atraer para consolidar con él una paz permanente.
Pero también es factible suponer, como se supuso al principio del artículo, que el Gobierno de Israel no desea conversar con los palestinos y con esa finalidad actúa. Puede ser que siga un plan trazado por las extremas dominantes en su seno, que excluye la reanudación de las tratativas de paz. Llegar a la paz con los palestinos significaría renunciar territorios conquistados durante la guerra de los seis días que, por motivos históricos-religiosos, ellos no tienen ninguna intención en devolver.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.