Pinchas Wallerstein, director general del Consejo Yesha, se queja que las jóvenes parejas de colonos no tienen donde ir a vivir. Dice que el ministro de defensa Ehud Barak permite la continuación sólo de las construcciones autorizadas en los territorios, lo que considera insuficiente para satisfacer la enorme demanda de viviendas en las colonias. La derecha está convencida que los territorios conquistados durante la guerra del 67, son territorios recuperados. Son territorios que bajo ningún punto de vista deben ser devueltos porque formaban parte de los reinos bíblicos de Israel y Judea. La política colonizadora de esas tierras tiene esa finalidad y constituye una clara negación del principio de “dos estados para dos pueblos” sustentado por el primer ministro. El primer ministro lo sabe, pero no se opone como debería hacerlo demostrando con ello una ambigüedad que con evidente desagrado, no pasa inadvertida en los países que nos acompañan en la búsqueda de la paz en la zona. Existen en Israel otros lugares menos problemáticos en donde las nuevas parejas quejosas pueden construir sus nidos y dar solución a su legítimo problema. Pero insisten en hacerlo en esos territorios cuestionados por el mundo, poniendo escollos al comienzo de un camino que nos ofrece una esperanza de paz. No se debe permitir que añoranzas históricas encubran la visión de una posible paz. Es sensato preferir un hogar pequeño con paz y seguridad, a una patria grande y siempre amenazada. Dado el poderoso y sofisticado armamento que actualmente está en manos de la humanidad, la seguridad no la ofrece el tamaño del país ni las fortificaciones en sus fronteras, sólo la dan los convenios amistosos basados en la confianza mutua. Sería mucho más provechoso que el deseo de expansión de los colonos sea aplicado en poblar el Neguev como lo soñó Ben Gurión, o en levantar sus hogares en la Galilea, cuya población árabe ya supera a la judía. De los aproximadamente 1,5 millones de habitantes de la Galilea, el 52 % son árabes. Las proyecciones demográficas indican que en menos de 15 años, en esa región la población árabe constituirá el 90 % (Joseph Hodara). La derecha no lo ignora pero no le da a ese serio problema la importancia que tiene, prefiriendo satisfacer sus aspiraciones basadas en la historia, en vez de instalarse en lugares donde su presencia nos beneficiaría a todos. La política colonizadora en los territorios provoca el alejamiento del apoyo mundial a nuestra causa, e imposibilita el retorno a las conversaciones que siempre nos brindan una esperanza de paz.
Samuel Auerbach
viernes, 25 de septiembre de 2009
martes, 22 de septiembre de 2009
Brisas de esperanza.
Nuevos vientos de paz soplan en el medio oriente. Iniciativas con capitales de particulares con suficiente sano criterio como para entender la necesidad de una convivencia pacífica en la zona, poniendo al olvido venganzas y aspiraciones mezquinas, sin presiones de grupos o de partidos, sin ansias políticas ni deseos egocéntricos, han promovido un movimiento que ya ha adquirido gran cantidad de adeptos entre los palestinos. Ya han puesto manos a la obra al ambicioso proyecto. Están construyendo una pequeña ciudad modelo sin enmascarados civiles armados caminando por las calles, para que los árabes que así lo deseen, puedan saborear el vivir en paz, libertad y prosperidad sin tener que imaginarlo. Una ciudad novedosa que se unirá a otras para formar el estado que siempre estuvo en la imaginación del pueblo palestino que, en su gran mayoría, aún se mantiene subyugado por propios correligionarios, quienes agrupados en peligrosas organizaciones de desalmados sin aprecio alguno por la vida, se han enloquecido por el afán de dominio y expansión.
Es imprescindible que el proyecto no fracase, por que desde hace mucho tiempo ese pueblo lo esta pidiendo a gritos y porque es un ingenioso y optimista intento de iniciar un nuevo camino que conduzca al fin del conflicto en la región. En el medio oriente, en la proximidades de Ramalla, se está levantando esa ciudad modelo llamada Rawabi que será una de las tantas ciudades del nuevo Estado Palestino que sabrá vivir en paz con sus vecinos. Existen entre los árabes quienes aprecian la calidad de vida en los países de occidente, en donde la mujer es libre y con los mismos derechos que el hombre, en donde se puede opinar distinto sin que sea torturado o asesinado por la autoridad, en donde la violencia es reemplazada por la cultura. Vimos recientemente a esa gente en Irán, una muchachada que clamó por el cambio. Pero allí también sucedió lo que siempre aconteció en el pueblo palestino: esos sueños fueron reprimidos con la cárcel, la tortura y la muerte.
Todavía no se conocen reacciones en Irán y en los grupos terroristas a las que arma y estimula. Es muy probable que consideren a los impulsores del proyecto como traidores y a los felices habitantes como herejes. Es difícil prever los acontecimientos. La sombra de la represión siempre existirá mientras existan los grupos extremistas que no admiten ningún cambio en sus anacrónicas costumbres. Es por eso que para que tanta felicidad, para que ese sueño dorado se concrete hasta el final, será necesaria la ayuda y protección del foro internacional, incluyendo a Israel.
Samuel Auerbach
Netanya, Israel.
Es imprescindible que el proyecto no fracase, por que desde hace mucho tiempo ese pueblo lo esta pidiendo a gritos y porque es un ingenioso y optimista intento de iniciar un nuevo camino que conduzca al fin del conflicto en la región. En el medio oriente, en la proximidades de Ramalla, se está levantando esa ciudad modelo llamada Rawabi que será una de las tantas ciudades del nuevo Estado Palestino que sabrá vivir en paz con sus vecinos. Existen entre los árabes quienes aprecian la calidad de vida en los países de occidente, en donde la mujer es libre y con los mismos derechos que el hombre, en donde se puede opinar distinto sin que sea torturado o asesinado por la autoridad, en donde la violencia es reemplazada por la cultura. Vimos recientemente a esa gente en Irán, una muchachada que clamó por el cambio. Pero allí también sucedió lo que siempre aconteció en el pueblo palestino: esos sueños fueron reprimidos con la cárcel, la tortura y la muerte.
Todavía no se conocen reacciones en Irán y en los grupos terroristas a las que arma y estimula. Es muy probable que consideren a los impulsores del proyecto como traidores y a los felices habitantes como herejes. Es difícil prever los acontecimientos. La sombra de la represión siempre existirá mientras existan los grupos extremistas que no admiten ningún cambio en sus anacrónicas costumbres. Es por eso que para que tanta felicidad, para que ese sueño dorado se concrete hasta el final, será necesaria la ayuda y protección del foro internacional, incluyendo a Israel.
Samuel Auerbach
Netanya, Israel.
Hay que frenar a Irán.
En el siglo XXI aún persiste el salvajismo de tiempos pretéritos, de la época en la que Nerón arrojaba gente a las fieras para divertir a las masas.
El concepto del perdón, caridad, humanidad, compasión y respeto por la vida, son reemplazados por odio, crueldad y venganza. La piedad y el dolor por el sufrimiento ajeno que no se conocía en aquellos tiempos, siguen sin ser conocidos en muchos lugares de nuestro planeta. Irán y sus secuaces aún viven en el oscurantismo de tiempos pasados. Sus leyes, costumbres y muchos hechosque fueron registrados con cámaras fotográficas o de video, no caben dentro del mundo civilizado de hoy. Escenas desgarrantes que hieren al más insensible, convertidos ante sus ojos en fríos y rutinarios espectáculos como los que fueron en tiempos prehistóricos, se repiten cuando aplican la ley divina a su pueblo, en la lucha interna por la hegemonía de grupos y en el esfuerzo por eliminar al Estado de Israel. Sacar a colación algunos de sus cruentos actos sería manchar con sangre inocente y sensación de repugnancia a esta nota. Sin dar detalles sólo recordemos la barbárica muerte de una niña en Naharía, y cómo después de 30 años el asesino es aclamado en El Líbano donde el grupo Hisballah tiene su sede.
No dejemos de lado la triste importancia que tiene la educación que Hamas imparte a sus niños y jóvenes en las escuelas de sus campamentos de verano, en donde el terrorismo, el odio y el culto a la muerte son parte del programa de estudios. ¿Qué más se necesita para tener la certeza de estar frente a peligrosos seres sin frenos y con desprecio completo por la vida, esa maravillosa vida que tanto nos enseñaron a protejer y amar?.
Es por eso que en propia defensa, el occidente debe dejar de vacilar en detener el proceso que terminará con la introducción del poder destructivo de la bomba atómica en los arsenales de esta gente, en los almacenes bélicos de terroristas que no tienen líneas rojas en la ejecución de sus planes, que quieren borrar del mapa a un país vecino que no los amenaza y que sueñan con islamizar al mundo. El continuo empeño de Irán en desarrollar misiles de largo alcance que pueden llegar a Europa, demuestran que no sólo Israel se encuentra en su mirilla. El poder atómico en manos irresponsables, es un paligro para todos los seres vivientes. El tiempo marcha peligrosamente en progresión geométrica a favor de una segura hecatombe. No falta mucho que la cuenta regresiva llegue a cero. Es necesario frenar esa carrera demencial, antes de que sea demasiado tarde.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.
El concepto del perdón, caridad, humanidad, compasión y respeto por la vida, son reemplazados por odio, crueldad y venganza. La piedad y el dolor por el sufrimiento ajeno que no se conocía en aquellos tiempos, siguen sin ser conocidos en muchos lugares de nuestro planeta. Irán y sus secuaces aún viven en el oscurantismo de tiempos pasados. Sus leyes, costumbres y muchos hechosque fueron registrados con cámaras fotográficas o de video, no caben dentro del mundo civilizado de hoy. Escenas desgarrantes que hieren al más insensible, convertidos ante sus ojos en fríos y rutinarios espectáculos como los que fueron en tiempos prehistóricos, se repiten cuando aplican la ley divina a su pueblo, en la lucha interna por la hegemonía de grupos y en el esfuerzo por eliminar al Estado de Israel. Sacar a colación algunos de sus cruentos actos sería manchar con sangre inocente y sensación de repugnancia a esta nota. Sin dar detalles sólo recordemos la barbárica muerte de una niña en Naharía, y cómo después de 30 años el asesino es aclamado en El Líbano donde el grupo Hisballah tiene su sede.
No dejemos de lado la triste importancia que tiene la educación que Hamas imparte a sus niños y jóvenes en las escuelas de sus campamentos de verano, en donde el terrorismo, el odio y el culto a la muerte son parte del programa de estudios. ¿Qué más se necesita para tener la certeza de estar frente a peligrosos seres sin frenos y con desprecio completo por la vida, esa maravillosa vida que tanto nos enseñaron a protejer y amar?.
Es por eso que en propia defensa, el occidente debe dejar de vacilar en detener el proceso que terminará con la introducción del poder destructivo de la bomba atómica en los arsenales de esta gente, en los almacenes bélicos de terroristas que no tienen líneas rojas en la ejecución de sus planes, que quieren borrar del mapa a un país vecino que no los amenaza y que sueñan con islamizar al mundo. El continuo empeño de Irán en desarrollar misiles de largo alcance que pueden llegar a Europa, demuestran que no sólo Israel se encuentra en su mirilla. El poder atómico en manos irresponsables, es un paligro para todos los seres vivientes. El tiempo marcha peligrosamente en progresión geométrica a favor de una segura hecatombe. No falta mucho que la cuenta regresiva llegue a cero. Es necesario frenar esa carrera demencial, antes de que sea demasiado tarde.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.
viernes, 18 de septiembre de 2009
El juez que cayó en la trampa.
El maquiavélico ardid de Hamas le reportó rotundos éxitos, algunos previstos y otros inesperados. Su plan consistió en provocar a Israel para que ataque a Gaza. Aún sabiendo de antemano que militarmente no tendría ninguna posibilidad de triunfar, su real propósito fue despertar en el mundo apoyo y compasión por el débil y censura hacia el fuerte. Gracias a la falta de sensibilidad y desprecio por la vida que caracterizan a los grupos terroristas, le fue muy fácil a Hamás poner en marcha su siniestro plan. Cuanto más víctimas se producían en Gaza, mayor el impacto que produciría. Con ello se explica el almacenar arsenales en escuelas, hospitales, mezquitas, casas particulares; el lanzamiento de proyectiles en zonas densamente pobladas; el usar a humanos como escudo, el negar refugio a civiles a pesar de la advertencias del ejército israelí etc., etc. El éxito de Hamás se hizo notar en capas con manifiesta simpatía hacia él, que desgraciadamente existen en gran cantidad y con gran influencia política. El mundo antisemita estuvo incondicionalmente de su lado con estruendosas manifestaciones públicas apenas iniciadas las acciones bélicas. Al poco tiempo de terminada la guerra, cayeron en el juego de Hamás instituciones en el orden mundial, como ser Amistía y la Cruz Roja, y con bastante dilación, lo hizo recientemente el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas con la comisión que encabeza el juez Richard J. Goldstone, que no tuvo en cuenta en su informe que Israel no tuvo otra alternativa que atacar para defender a su pueblo. El juez no tuvo en cuenta en su informe, que durante ocho años nadie hizo nada para convencer a Hamás que dejara de hostigar a inocentes pobladores, pero en cambio se ordenaba insistentemente a Israel que detenga su defensa. La paciencia frente a los incesantes bombardeos y rupturas de treguas por parte de Hamás, no pudo durar más que ocho años. Las muertes, daños físicos y traumas psicológicos aún no superados, hacían insoportable la vida a más de un millón de israelíes y era imposible seguir manteniendo pasividad por más tiempo. El juez Goldstone no lo dice en su informe. Culpó a Israel por el efecto que sus balas produjeron sobre los civiles en Gaza, sin indultarlo por las evidencias que demuestran que Hamás los empujó deliberadamente a la muerte. También el juez cayó en la trampa tendida por Hamás.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.
lunes, 14 de septiembre de 2009
Conversemos.
Ven, siéntate al lado mío y conversemos como dos amigos. Dentro de unos días cumpliré un año más y pensé qué mejor para celebrarlo, que contribuir a abrir una nueva página en nuestras relaciones. Sé que me odias y que no aceptas mi amistad. Es por un rato corto solamente. Yo no te odio y aunque sea judío no creas que te perjudicaré si te sientas a mi lado para charlar. Al contrario, quiero ayudarte porque sé que estás enfermo aunque tú no lo sepas.
Quiero ayudarte a eliminar de tu cuerpo una espina maligna que no te deja razonar. Una espina que segrega un veneno que obnubila y te oculta el saber que soy un ser como todos los seres humanos. Ni mejor ni peor que los demás. Con sus mismos defectos y sus mismas virtudes.
Tienes clavada una espina maligna que hace que me odies, sin que tengas motivos ni te interese encontrarlos. Que hace que aseveres historias improbables que me culpan, y no quieras saber de verdades que me absuelven. Que siempre me recrimines los daños que alguna vez te pude haber producido, sin que jamás recuerdes la inmensa cantidad de bondades que durante el transcurso de los siglos te brindé. Las heridas que te pudieron haber causado los errores y los males que se me deslizaron, son las mismas heridas que por los mismos errores y los mismos males, gentiles como tú, tantas veces te laceraron. Pero tu enfermedad hace que sólo a mí me juzgues y me lo reproches.
¿Te das cuenta ahora de qué manera esa espina que quiero ayudarte a extirpar, no te deja pensar como deberías, y te hace actuar injustamente? Te diré, aunque te duela, que estás muy enfermo de antisemitismo. Así se llama esa horrible y milenaria enfermedad que tú padeces, que me daña y te daña. Me daña y hasta peligra mi vida durante sus crisis. Te daña porque te envenena con odio, y el odio es uno de los peores sentimientos. Odio es el antónimo de amor. Feliz es el que ama, desdichado el que odia.
Pero... ¿alguna vez te preguntaste a tí mismo cómo y porqué te enfermaste?. Nunca te lo preguntaste porque esa enfermedad, que ataca a la zona cognitiva del cerebro, hizo que nunca supieras que estabas enfermo. Es por eso que yo quiero darte una mano. Puede ser que sea útil el explicarte cómo se produce. Escucha bien. Es una enfermedad que se inculca tempranamente a través de una persistente educación impartida por educadores atacados por la misma enfermedad. Una vez inculcada, se instala en el subconsciente como una espina clavada en profundidad, como son todas las ideas que se absorben en la niñez.
Reconozco que a pesar de mi ayuda, te será dificil curarte. Aunque sea por un instante, trata de no odiarme. Sé que te será muy dificil imaginarte que ya no guardas más esa espina. Pero si lo logras hacer, te darás cuenta qué necio fuiste y cuán equivocado estabas cuando conceptuabas a este judío sentado al lado tuyo, que ama a la paz entre los hombres, que no te odia y detesta que lo odies. Este judío que siempre soñó con ser tu amigo.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.
Quiero ayudarte a eliminar de tu cuerpo una espina maligna que no te deja razonar. Una espina que segrega un veneno que obnubila y te oculta el saber que soy un ser como todos los seres humanos. Ni mejor ni peor que los demás. Con sus mismos defectos y sus mismas virtudes.
Tienes clavada una espina maligna que hace que me odies, sin que tengas motivos ni te interese encontrarlos. Que hace que aseveres historias improbables que me culpan, y no quieras saber de verdades que me absuelven. Que siempre me recrimines los daños que alguna vez te pude haber producido, sin que jamás recuerdes la inmensa cantidad de bondades que durante el transcurso de los siglos te brindé. Las heridas que te pudieron haber causado los errores y los males que se me deslizaron, son las mismas heridas que por los mismos errores y los mismos males, gentiles como tú, tantas veces te laceraron. Pero tu enfermedad hace que sólo a mí me juzgues y me lo reproches.
¿Te das cuenta ahora de qué manera esa espina que quiero ayudarte a extirpar, no te deja pensar como deberías, y te hace actuar injustamente? Te diré, aunque te duela, que estás muy enfermo de antisemitismo. Así se llama esa horrible y milenaria enfermedad que tú padeces, que me daña y te daña. Me daña y hasta peligra mi vida durante sus crisis. Te daña porque te envenena con odio, y el odio es uno de los peores sentimientos. Odio es el antónimo de amor. Feliz es el que ama, desdichado el que odia.
Pero... ¿alguna vez te preguntaste a tí mismo cómo y porqué te enfermaste?. Nunca te lo preguntaste porque esa enfermedad, que ataca a la zona cognitiva del cerebro, hizo que nunca supieras que estabas enfermo. Es por eso que yo quiero darte una mano. Puede ser que sea útil el explicarte cómo se produce. Escucha bien. Es una enfermedad que se inculca tempranamente a través de una persistente educación impartida por educadores atacados por la misma enfermedad. Una vez inculcada, se instala en el subconsciente como una espina clavada en profundidad, como son todas las ideas que se absorben en la niñez.
Reconozco que a pesar de mi ayuda, te será dificil curarte. Aunque sea por un instante, trata de no odiarme. Sé que te será muy dificil imaginarte que ya no guardas más esa espina. Pero si lo logras hacer, te darás cuenta qué necio fuiste y cuán equivocado estabas cuando conceptuabas a este judío sentado al lado tuyo, que ama a la paz entre los hombres, que no te odia y detesta que lo odies. Este judío que siempre soñó con ser tu amigo.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.
martes, 8 de septiembre de 2009
El timonel mejoró su rumbo.
El giro hacia la izquierda que Netanyahu dio a su política, originó claras demostraciones de aprobación en el mundo occidental, y una reacción adversa en los grupos que facilitaron su ascenso al poder. Se ha llegado a una situación semejante a la que provocó la ruptura del Likud en el año 2005, y que dio motivo al nacimiento de Kadima liderado por Ariel Sharón. Cabe recordar que en aquel entonces, los disidentes del likud capitaneados por Benjamín Netanyahu, provocaron esa ruptura partidaria en respuesta a las declaraciones pronunciadas por su líder por las que aceptaba otorgar “dolorosas concesiones” al enemigo y por llevar a cabo un plan de retirada unilateal israelí. Ahora Netanyahu está viviendo una situación parecida a la que Sharón vivió en aquel entonces. El admitir el principio “dos estados para dos pueblos”, las promesas de desmantelar las colonias ilegales y congelar las nuevas construcciones en los territorios, sobrepasaron el cupo de paciencia que la derecha estaba soportando. Miembros de la derecha, entre los que se encuentra el presidente del parlamento Reuvén Rivlin, comenzaron a levantar su voz de protesta. ¿Les causarán más adelante a Netanyahu lo que Netanyahu le causó a Sharón?. El giro del primer ministro lo hace factible.
La historia se esta poniendo interesante. Una posibilidad es que la derecha siga tragando saliva y mordiéndose los labios como lo hicieron hasta ahora, con tal de no abandonar el gobierno y verse gobernada por la izquierda. En caso que los nuevos disidentes se retiren de la coalición, no creo que Netanyahu forme un nuevo partido como lo hizo Sharón. También descarto que a último momento se produzca un marcado arrepentimiento de su parte, que en nada contribuiría a su buen nombre en el ámbito internacional, a pesar del zigzagueo demostrado últimamente que mucho enojó a Obama, su socio en lograr la paz en la zona. Quedan dos alternativas: Una muy poco probable, llamar a nuevas elecciones, y la otra más factible, mantener su liderazgo volviendo a ofrecer su ingreso al gobierno a Tzipi Livni y su partido Kadima, cuyos postulados no se alejan en mucho a los que actualmente orientan a Netanyahu. En este caso no podrá oponerse en aceptar lo que una vez le negó: alternar con ella la jefatura del país, si es que ella aún insiste. El giro que Netanyahu le dio a su timón, ¿fue en respuesta a presiones externas?, ¿fue en realidad un cambio en su manera de pensar o una maniobra que tenía prevista?, ¿usó a la derecha sólo para llegar al poder?. La inteligencia y sagacidad demostrada por el primer mandatario en otras ocasiones, ponen a estos interrogantes en la lista de posibilidades.
Samuel Auerbach,
La historia se esta poniendo interesante. Una posibilidad es que la derecha siga tragando saliva y mordiéndose los labios como lo hicieron hasta ahora, con tal de no abandonar el gobierno y verse gobernada por la izquierda. En caso que los nuevos disidentes se retiren de la coalición, no creo que Netanyahu forme un nuevo partido como lo hizo Sharón. También descarto que a último momento se produzca un marcado arrepentimiento de su parte, que en nada contribuiría a su buen nombre en el ámbito internacional, a pesar del zigzagueo demostrado últimamente que mucho enojó a Obama, su socio en lograr la paz en la zona. Quedan dos alternativas: Una muy poco probable, llamar a nuevas elecciones, y la otra más factible, mantener su liderazgo volviendo a ofrecer su ingreso al gobierno a Tzipi Livni y su partido Kadima, cuyos postulados no se alejan en mucho a los que actualmente orientan a Netanyahu. En este caso no podrá oponerse en aceptar lo que una vez le negó: alternar con ella la jefatura del país, si es que ella aún insiste. El giro que Netanyahu le dio a su timón, ¿fue en respuesta a presiones externas?, ¿fue en realidad un cambio en su manera de pensar o una maniobra que tenía prevista?, ¿usó a la derecha sólo para llegar al poder?. La inteligencia y sagacidad demostrada por el primer mandatario en otras ocasiones, ponen a estos interrogantes en la lista de posibilidades.
Samuel Auerbach,
miércoles, 19 de agosto de 2009
El camino y su destino.
La derecha israelí está convencida que la colonización de los territorios le otorga más seguridad a Israel, al alejar sus fronteras de los principales centros poblados. Afirman, para justificar los asentamientos, que con ellos se anexa al país lugares bíblicos que históricamente nos pertenecen, y que con la colonización impiden la creación de un país enemigo al lado nuestro. Están convencidos que Israel no tiene con quien hablar de paz porque los palestinos no nos quieren en la región. Nos quieren echar al mar con la pretención de instalarse en lugar nuestro. Son aseveraciones algunas discutibles y otras inaceptables a los ojos de los que ven en la paz, la cabeza de las prioridades del pueblo de Israel.
El alejamiento de las fronteras de los principales centros poblados no significa para esos centros ninguna seguridad. Y si así fuere ¿qué otras fronteras protejen a los colonos instalados en ellas? ¿O ellos no son tan israelíes como los que viven en Tel Aviv o Kfar Saba?. La seguridad de Israel no debe estar basada sólo en fronteras militarmente seguras, que por otro lado, dudo que hoy las haya, sino en la certeza de una paz sincera y duradera avalada en la confianza mutua, como sucede en el resto del mundo.
No dejemos que los derechos históricos dibujen los límites de Israel sacrificando a la paz. Dejemos que la paz lo haga aunque sacrifiquemos anacrónicos territorios bíblicos.
Es muy cierto que existe esa clase de árabes, los terroristas asesinos que nos odian, como también existe en Israel, la derecha idealista que no quiere a los palestinos. No todo Israel es la derecha y no todos los palestinos nos odian. El pueblo palestino contiene hombres, niños, mujeres y ancianos que quieren vivir en paz. Son seres humanos que atraviesan un infierno, suyugados, atemorizados y asesinados por fuertes grupos de fanáticos enfermizos, armados hasta los dientes por países enloquecidos. Son seres humanos que aceptan que en la región se establezcan dos estados con dos pueblos que ansian vivir en paz y en armonía. Esa debe ser nuestra meta, hacer de Israel un hogar que, aunque paqueño, albergue a judíos que puedan ver a sus hijos crecer sin amenazas de guerras. Es su camino el que nos debe guiar, es su destino al que tendremos que llegar.
Samuel Auerbach
Netanya.
El alejamiento de las fronteras de los principales centros poblados no significa para esos centros ninguna seguridad. Y si así fuere ¿qué otras fronteras protejen a los colonos instalados en ellas? ¿O ellos no son tan israelíes como los que viven en Tel Aviv o Kfar Saba?. La seguridad de Israel no debe estar basada sólo en fronteras militarmente seguras, que por otro lado, dudo que hoy las haya, sino en la certeza de una paz sincera y duradera avalada en la confianza mutua, como sucede en el resto del mundo.
No dejemos que los derechos históricos dibujen los límites de Israel sacrificando a la paz. Dejemos que la paz lo haga aunque sacrifiquemos anacrónicos territorios bíblicos.
Es muy cierto que existe esa clase de árabes, los terroristas asesinos que nos odian, como también existe en Israel, la derecha idealista que no quiere a los palestinos. No todo Israel es la derecha y no todos los palestinos nos odian. El pueblo palestino contiene hombres, niños, mujeres y ancianos que quieren vivir en paz. Son seres humanos que atraviesan un infierno, suyugados, atemorizados y asesinados por fuertes grupos de fanáticos enfermizos, armados hasta los dientes por países enloquecidos. Son seres humanos que aceptan que en la región se establezcan dos estados con dos pueblos que ansian vivir en paz y en armonía. Esa debe ser nuestra meta, hacer de Israel un hogar que, aunque paqueño, albergue a judíos que puedan ver a sus hijos crecer sin amenazas de guerras. Es su camino el que nos debe guiar, es su destino al que tendremos que llegar.
Samuel Auerbach
Netanya.
El congreso de Belén
Se está aflojando el único amarre que la paz tiene en la región. Los representantes de los palestinos moderados, han dejado de ser pacíficos amigos para convertirse en enemigos guerreros. Las declaraciones en el sexto congreso de Al Fatah, que tuvo lugar en la ciudad de Belén, adquirieron un tono que nos sorprendió. Nuestros socios en la tarea de buscar la paz en la región, se enfadaron y se enemistaron. Las tremendas declaraciones hechas en Belén son preocupantes, estimulan el terrorismo e invitan a la guerra.
Los israelíes pacifistas, atónitos ante la sorpresa, han quedado sin saber qué nuevos rumbos habrán de seguir los esfuerzos para lograr la paz. ¿Que pasó?. ¿Que llevó a Mahmud Abás a girar 180º? Si bien los árabes antes de la asamblea de Belén, seguían manteniendo sus inaceptables exigencias, Israel no sólo mantenía las suyas, sino que agregó provocaciones que empeoraron el ambiente desde ya poco propicio para comenzar a hablar sobre la paz. En vez de remover todos los asentamientos ilegales y congelar las nuevas construcciones en los territorios en calidad de gestos que, sin poner en peligro nuestra seguridad, demostrarían nuestra sincera voluntad para llegar a un arreglo, hizo justamente todo lo contrario. Las nuevas colonias ilegales que proliferan impunemente, el permiso para construir en los territorios y los recientes antipáticos desalojos de palestinos cuyos desagradables documentos gráficos recorrieron el mundo, son suficientes motivos para montar en cólera al más tranquilo de los árabes, y para entristecer a los desilusionados israelíes que aspiran un futuro sin amenazas de guerra para sus hijos. Si tanto soñamos con el shalom que nunca tuvimos, si siempre todas nuestras esperanzas se centraron en ese ideal, no deberíamos desparramar piedras en el camino que conduce a él.
Pero... ¿es que los árabes moderados son moderados en realidad? ¿Fueron nuestra provocaciones las que los dieron vuelta, o fueron nuestra provocaciones el detonante que reventó la pólvora que Al Fatah mantuvo siempre oculto en su mente? Cualquiera fuera la causa, no cabe duda que se ha creado una nueva situación muy preocupante en el medio oriente. Es de esperar que los países occidentales que median con honestidad en el conflicto palestino israelí, sepan llamar al orden a Al Fatah con el tirón de orejas que corresponde, como también es necesario que las clases gobernantes de ambas partes sepan enmendar sus errores, encuentren la manera de crear las condiciones que lleven a la reanudación de las conversaciones, y hagan todo lo posible para que no se desvanezca la esperanza de paz que aún existe en el corazón de ambos pueblos.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.
Los israelíes pacifistas, atónitos ante la sorpresa, han quedado sin saber qué nuevos rumbos habrán de seguir los esfuerzos para lograr la paz. ¿Que pasó?. ¿Que llevó a Mahmud Abás a girar 180º? Si bien los árabes antes de la asamblea de Belén, seguían manteniendo sus inaceptables exigencias, Israel no sólo mantenía las suyas, sino que agregó provocaciones que empeoraron el ambiente desde ya poco propicio para comenzar a hablar sobre la paz. En vez de remover todos los asentamientos ilegales y congelar las nuevas construcciones en los territorios en calidad de gestos que, sin poner en peligro nuestra seguridad, demostrarían nuestra sincera voluntad para llegar a un arreglo, hizo justamente todo lo contrario. Las nuevas colonias ilegales que proliferan impunemente, el permiso para construir en los territorios y los recientes antipáticos desalojos de palestinos cuyos desagradables documentos gráficos recorrieron el mundo, son suficientes motivos para montar en cólera al más tranquilo de los árabes, y para entristecer a los desilusionados israelíes que aspiran un futuro sin amenazas de guerra para sus hijos. Si tanto soñamos con el shalom que nunca tuvimos, si siempre todas nuestras esperanzas se centraron en ese ideal, no deberíamos desparramar piedras en el camino que conduce a él.
Pero... ¿es que los árabes moderados son moderados en realidad? ¿Fueron nuestra provocaciones las que los dieron vuelta, o fueron nuestra provocaciones el detonante que reventó la pólvora que Al Fatah mantuvo siempre oculto en su mente? Cualquiera fuera la causa, no cabe duda que se ha creado una nueva situación muy preocupante en el medio oriente. Es de esperar que los países occidentales que median con honestidad en el conflicto palestino israelí, sepan llamar al orden a Al Fatah con el tirón de orejas que corresponde, como también es necesario que las clases gobernantes de ambas partes sepan enmendar sus errores, encuentren la manera de crear las condiciones que lleven a la reanudación de las conversaciones, y hagan todo lo posible para que no se desvanezca la esperanza de paz que aún existe en el corazón de ambos pueblos.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.
lunes, 27 de julio de 2009
O colonias o dos estados para dos pueblos.
La ciudad de Jerusalem es para el pueblo de Israel la ciudad santa capital de su estado. El mundo judío no lo discute. Después de la guerra de los seis días , Israel invadió con su ejército la parte oriental de la ciudad que estaba en posesión de Jordania. Esa zona ¿fue conquistada, fue reconquistada o es retenida y supeditada a futuras negociaciones? Para algunos, entre los que se encuentran miembros de la derecha israelí, el lugar fue reconquistado y la ciudad reunificada aunque ello signifique la inclusión de una zona densamente poblada por árabes fuera de las murallas. Para ellos, esa zona en nada se diferencia con el resto de los territorios conquistados, son parte del patrimonio territorial de Israel y no son negociables por acatamiento a derechos bíblicos. Para otros, entre los que se incluye el primer ministro Benjamín Netanyahu, un estado palestino al lado de Israel es posible en el medio oriente, pero no en la zona árabe al este de la ciudad vieja de Jerusalem, al que considera, según propias declaraciones, parte inseparable de la ciudad capital. Lo dijo pero no dio a conocer los motivos. ¿Motivos de seguridad? Si las nuevas fronteras a delimitarse dejarán fuera de ellas a esa zona, la seguridad de Israel allí no será menor que en cualquier otra zona limítrofe. A esto es necesario agregar que la seguridad de Israel no debe estar basada sólo en fronteras seguras, que por otro lado, dudo que hoy las haya, sino también en la certeza de una paz sincera y duradera avalada en la confianza mutua. ¿Motivos religiosos y sentimentales? El consenso unánime es que una parte de la zona este capitalina no es negociable: la ciudad vieja que contiene el muro de los lamentos. El lugar más sagrado que la judeidad posee, jamás se habrá de separar de Jerusalem, ciudad capital del estado de Israel para el resto de los siglos. Pero la otra porción, ese lugar densamente poblado por palestinos, debe ser considerado y tratado como al resto de los territorios. Por lo tanto allí y en el resto de los territorios que se mantienen retenidos hasta tanto se resuelva su destino en las tratativas de paz, el desmantelamiento de los asentamientos ilegales y la prohibición de nuevas construcciones es un deber moral, si es que el Estado de Israel es sincero cuando se declara solidario con la premisa “dos estados para dos pueblos”, y abandona definitivamente la utópica exigencia que el estado palestino se levante dentro de algún país vecino.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.
Nobleza obliga.
Benjamín Netanyahu hizo suyo el concepto de “dos estados para dos pueblos” en el discurso que pronunció en al Universidad Bar Ilan. Uno israelí y el otro palestino. ¿Dónde se ubicará el estado palestino? No lo dijo, pero si admitimos que descarta, por impracticable, que sea en terrenos de países vecinos o fuera del oriente medio, forzosamente tiene que ser en territorios retenidos por Israel. Es decir, admite tácitamente que el arreglo se hará en base a la entrega de territorios. Entonces ¿qué sentido tiene tolerar los asentamientos ilegales instalados en ellos y permitir nuevas construcciones que deberán se destruídas o entregadas?. Es contradictorio y le resta sinceridad a lo expresado en la universidad. Esa es su abierta política de “ida y vuelta” que le sirve para quedar bien con Dios y con el diablo, basada en la deuda que tiene con la derecha que lo llevó al poder.
La derecha, que se opone terminantemente negociar con "sus territorios reconquistados", cierta vez propuso alternativas que pronto fueron olvidadas. Me refiero a la inaceptable intención de ubicar al nuevo estado palestino en Jordania, y a la incomprensible solución de “dos economías para dos pueblos”. No cabe pensar que a la derecha no le interese la paz. Por supuesto que le interesa, pero sin entregar territorios. Hermoso sueño que se desvanece por completo en la vigilia.
Israel no es el único motivo por el que no se llega a la paz, ni Bibi es el único culpable. La paz no la veré yo, ni mis hijos, tampoco creo que mis nietos. Hasta que no se liberen de los grupos terroristas, que nos odian, que nos quieren borrar del mapa y que son tan bien vistos por el antisemitismo mundial, los palestinos no podrán jamás llegar a un acuerdo con nosotros. Como siempre sucedió, siempre un “NO” aparecerá a último momento. No está a nuestro alcance convencer al islamismo radical. Pero sí está en nuestros medios evitar que nuestra derecha anteponga trabas al proceso y facilitar de esta manera el comienzo de las deliberaciones. Mientras se habla, un arreglo se puede obtener aunque tarde en llegar. Urge comenzar a hablar porque mientras se habla, el sol de la paz con sus rayos de esperanza disiparán los negros nubarrones de la guerra. Bibi seguro que así lo entiende, inteligencia no le falta, pero no lo hace por no traicionar a los que le ayudaron a formar gobierno. Nobleza obliga.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.
La derecha, que se opone terminantemente negociar con "sus territorios reconquistados", cierta vez propuso alternativas que pronto fueron olvidadas. Me refiero a la inaceptable intención de ubicar al nuevo estado palestino en Jordania, y a la incomprensible solución de “dos economías para dos pueblos”. No cabe pensar que a la derecha no le interese la paz. Por supuesto que le interesa, pero sin entregar territorios. Hermoso sueño que se desvanece por completo en la vigilia.
Israel no es el único motivo por el que no se llega a la paz, ni Bibi es el único culpable. La paz no la veré yo, ni mis hijos, tampoco creo que mis nietos. Hasta que no se liberen de los grupos terroristas, que nos odian, que nos quieren borrar del mapa y que son tan bien vistos por el antisemitismo mundial, los palestinos no podrán jamás llegar a un acuerdo con nosotros. Como siempre sucedió, siempre un “NO” aparecerá a último momento. No está a nuestro alcance convencer al islamismo radical. Pero sí está en nuestros medios evitar que nuestra derecha anteponga trabas al proceso y facilitar de esta manera el comienzo de las deliberaciones. Mientras se habla, un arreglo se puede obtener aunque tarde en llegar. Urge comenzar a hablar porque mientras se habla, el sol de la paz con sus rayos de esperanza disiparán los negros nubarrones de la guerra. Bibi seguro que así lo entiende, inteligencia no le falta, pero no lo hace por no traicionar a los que le ayudaron a formar gobierno. Nobleza obliga.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.
martes, 14 de julio de 2009
Entrevista
En un artículo aparecido en la prensa española, se le da a un terrorista palestino la oportunidad de difundir sus incongruencias. Dentro de las barbaridades expresadas por el terrorista Abu Muyahid, se encuentra su afirmación de que Gilad Shalit, el soldado israelí secuestrado hace más de tres años, no es un rehén sino un prisionero de guerra, equiparándolo con los terroristas palestinos presos en Israel. Me es sumamente grato contradecir al entrevistado, con el fundamento que me ofrece el diccionario de la Real Academia Española, que dice: “rehén - persona retenida por alguien como garantía para obligar a un tercero a cumplir determinadas condiciones”. Por lo tanto, no cabe la menor duda que Gilad Shalit es un rehén secuestrado por la delincuencia islámica.
Los terroristas palestinos que Israel mantiene presos, son individuos que han delinquido y su condena está sujeta sólo a la duración que la justicia le impuso. No son retenidos para futuros negociados. No son rehenes. Están encerrados en prevención a nuevos delitos y no con el fin de cumplir con un castigo. Dentro de su encierro gozan de grandes privilegios que el mundo conoce y que nadie niega. En cambio, qué se puede esperar de grupos salvajes que se rigen con leyes propias incompatibles con la sensibilidad humana, y que usan al dolor y a la nostalgia para negociar.
Cuando el periodista le preguntó si tiene noticia del estado físico de Gilad Shalit, respondió:
“Creo que nuestros hermanos responsables de su detención aplican la ley islámica, según la cual hay que tratar con piedad a nuestros prisioneros. Esto... siempre y cuando el soldado continúe vivo”.
Es lo mismo que decir "Esto... siempre y cuando el soldado no se haya muerto por inasistencia médica o por asesinato", porque a los 21 años, si es que está muerto, no pudieron haber sido otros los motivos.
Pese a esta respuesta salvaje, el reportaje continuó con otras preguntas como si hubiesen sido dirigidas al más delicado poeta romántico. El terrorismo, integrado por fanáticos que usan del dolor ajeno y la violencia para llevar adelante sus ideas, debe ser combatido en todas sus formas, ya sea árabe, español, asiático, africano, etc. Toda prensa que entrevista a terroristas, no creo que los combata al ofrecerles una tribuna.
Samuel Auerbach
Netanya, Israel.
Los terroristas palestinos que Israel mantiene presos, son individuos que han delinquido y su condena está sujeta sólo a la duración que la justicia le impuso. No son retenidos para futuros negociados. No son rehenes. Están encerrados en prevención a nuevos delitos y no con el fin de cumplir con un castigo. Dentro de su encierro gozan de grandes privilegios que el mundo conoce y que nadie niega. En cambio, qué se puede esperar de grupos salvajes que se rigen con leyes propias incompatibles con la sensibilidad humana, y que usan al dolor y a la nostalgia para negociar.
Cuando el periodista le preguntó si tiene noticia del estado físico de Gilad Shalit, respondió:
“Creo que nuestros hermanos responsables de su detención aplican la ley islámica, según la cual hay que tratar con piedad a nuestros prisioneros. Esto... siempre y cuando el soldado continúe vivo”.
Es lo mismo que decir "Esto... siempre y cuando el soldado no se haya muerto por inasistencia médica o por asesinato", porque a los 21 años, si es que está muerto, no pudieron haber sido otros los motivos.
Pese a esta respuesta salvaje, el reportaje continuó con otras preguntas como si hubiesen sido dirigidas al más delicado poeta romántico. El terrorismo, integrado por fanáticos que usan del dolor ajeno y la violencia para llevar adelante sus ideas, debe ser combatido en todas sus formas, ya sea árabe, español, asiático, africano, etc. Toda prensa que entrevista a terroristas, no creo que los combata al ofrecerles una tribuna.
Samuel Auerbach
Netanya, Israel.
sábado, 4 de julio de 2009
Una grave enfermedad.
Veremos si encuadrando al conflicto árabe israelí dentro del marco de la medicina, se podrá encontrar su solución.
Este conflicto es una penosa enfermedad que apreció en la zona del medio oriente en el año 1948, es decir hace 61 años, cuando se declaró el estado de Israel. Su etiología: dos cepas de un mismo virus. El virus se llama “extremismo”. Una de las cepas se llama “árabe” y la otra “israelí”. La primera atacó a toda la población de la zona. La segunda, que apareció en el año 1967 después de la guerra de los seis días, sólo atacó a los israelíes. La cepa “árabe”, también llamada “terrorismo”, tiene varias subfamilias, todas ellas muy activas, entre las cuales figuran, en orden de virulencia, Iran, Hamas, Hisballah y Siria. Este virus ha hecho estragos a toda la zona, en especial al pueblo palestino, al que sigue castigando privándolo de elementos esenciales. Muy debilitado, el pueblo palestino clama por una medicina que sólo puede venir del exterior, pero el mundo se la niega. Ya veremos qué medicina es, y el porqué de esa negación.
La cepa “israelí”, también conocida como “la derecha israelí”, se ubica en una zona del cuerpo enfermo llamada “gobierno”. Con sus toxinas ataca a órganos llamados “los territorios” a los que fagocita. Estos órganos contienen anticuerpos indispensables para la curación de la enfermedad. Si no se frena a las toxinas con rapidez, perderán definitivamente su importante papel en el proceso curativo, y la recuperación de la zona se hará extremadamente difícil o nula.
Ahora bien, conocida la etiología de la enfermedad y sus manifestaciones, veremos cómo encarar su tratamiento.
En el caso de la cepa “extrema israelí”, el tratamiento se basará en la aplicación de medicamentos que la expulse del lugar donde se ubica, y si esto no es posible, que la debilite de manera que sus toxinas no impidan el proceso de curación. En este caso es muy aconsejable el uso de una droga llamada “Kadima” que instalada en la zona del cuerpo en donde el virus reside, neutralizará drásticamente su toxicidad.
Respecto a la otra cepa, “el extremismo árabe”, dado a que ya se ha experimentado con distintos medicamentos de persuasión o violencia aplicados in situ y que no dieron ningún resultado, se aconseja un tratamiento basado en la medicación conocida con el nombre “antiterrorismo”. Es un remedio que, al interceptar o anular las substancias con la que se alimenta esa peligrosa cepa, o con otros mecanismos más cruentos, hasta puede llegar a aniquilarla . Ese poderoso medicamento no existe en el medio oriente. Hay que importarlo de un mundo exterior que por el momento se niega a suministrarlo porque también él está enfermo. Un germen que durante mucho tiempo estaba latente, se ha vuelto peligrosamente patógeno y atacó el sano juicio de una gran parte de la población del planeta. Es el conocido germen llamado “judeofobia”, “atisemitismo” o “antisionismo”. Por lo tanto el tratamiento debe estar dirigido, en primera instancia, a eliminar a ese resistente germen de los tres nombres. Con ese fin y por la gran dificultad que presenta su erradicación, se propone a los pueblos sufrientes pedir ayuda al mundo sano que aún queda, para que juntos tomen el caso en sus manos y apliquen alguna medicación basada en métodos de persuasión y esclareciminto. Para que este tratamiento largo y penoso sea bien soportado, es aconsejable que los enfermos del medio oriente se automediquen con píldoras calmantes, como ser las conocidas “Paciencia Mucha” y “Esperanza Infinita”
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel
Este conflicto es una penosa enfermedad que apreció en la zona del medio oriente en el año 1948, es decir hace 61 años, cuando se declaró el estado de Israel. Su etiología: dos cepas de un mismo virus. El virus se llama “extremismo”. Una de las cepas se llama “árabe” y la otra “israelí”. La primera atacó a toda la población de la zona. La segunda, que apareció en el año 1967 después de la guerra de los seis días, sólo atacó a los israelíes. La cepa “árabe”, también llamada “terrorismo”, tiene varias subfamilias, todas ellas muy activas, entre las cuales figuran, en orden de virulencia, Iran, Hamas, Hisballah y Siria. Este virus ha hecho estragos a toda la zona, en especial al pueblo palestino, al que sigue castigando privándolo de elementos esenciales. Muy debilitado, el pueblo palestino clama por una medicina que sólo puede venir del exterior, pero el mundo se la niega. Ya veremos qué medicina es, y el porqué de esa negación.
La cepa “israelí”, también conocida como “la derecha israelí”, se ubica en una zona del cuerpo enfermo llamada “gobierno”. Con sus toxinas ataca a órganos llamados “los territorios” a los que fagocita. Estos órganos contienen anticuerpos indispensables para la curación de la enfermedad. Si no se frena a las toxinas con rapidez, perderán definitivamente su importante papel en el proceso curativo, y la recuperación de la zona se hará extremadamente difícil o nula.
Ahora bien, conocida la etiología de la enfermedad y sus manifestaciones, veremos cómo encarar su tratamiento.
En el caso de la cepa “extrema israelí”, el tratamiento se basará en la aplicación de medicamentos que la expulse del lugar donde se ubica, y si esto no es posible, que la debilite de manera que sus toxinas no impidan el proceso de curación. En este caso es muy aconsejable el uso de una droga llamada “Kadima” que instalada en la zona del cuerpo en donde el virus reside, neutralizará drásticamente su toxicidad.
Respecto a la otra cepa, “el extremismo árabe”, dado a que ya se ha experimentado con distintos medicamentos de persuasión o violencia aplicados in situ y que no dieron ningún resultado, se aconseja un tratamiento basado en la medicación conocida con el nombre “antiterrorismo”. Es un remedio que, al interceptar o anular las substancias con la que se alimenta esa peligrosa cepa, o con otros mecanismos más cruentos, hasta puede llegar a aniquilarla . Ese poderoso medicamento no existe en el medio oriente. Hay que importarlo de un mundo exterior que por el momento se niega a suministrarlo porque también él está enfermo. Un germen que durante mucho tiempo estaba latente, se ha vuelto peligrosamente patógeno y atacó el sano juicio de una gran parte de la población del planeta. Es el conocido germen llamado “judeofobia”, “atisemitismo” o “antisionismo”. Por lo tanto el tratamiento debe estar dirigido, en primera instancia, a eliminar a ese resistente germen de los tres nombres. Con ese fin y por la gran dificultad que presenta su erradicación, se propone a los pueblos sufrientes pedir ayuda al mundo sano que aún queda, para que juntos tomen el caso en sus manos y apliquen alguna medicación basada en métodos de persuasión y esclareciminto. Para que este tratamiento largo y penoso sea bien soportado, es aconsejable que los enfermos del medio oriente se automediquen con píldoras calmantes, como ser las conocidas “Paciencia Mucha” y “Esperanza Infinita”
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel
viernes, 3 de julio de 2009
¿Organizaciones humanitarias?
Otra vez el antisemitismo, vestido de Cruz Roja y de Amnistía Internacional, arremete contra Israel.
Cuando en nuestro sur, los habitantes tuvieron sólo contados segundos para resguardarse de los mortíferos misiles que se lanzaban desde Gaza, la Cruz Roja no se inmutó. Durante ocho años no levantó su voz por los niños, mujeres y ancianos israelíes que fueron víctimas de esos mortales proyectiles.
La Cruz Roja hoy delata a los niños traumatizados en Gaza, pero ignora los traumas psicológicos que manifiestan nuestros niños en Sderot, como resabio de lo que fue esa incesante lluvia de bombas. Culpa a Israel por la desastrosa situación reinante en Gaza, cuando fue Hamas quien la causó con sus mortales e incesantes provocaciones. Durante ocho años la Cruz Roja no trató de averiguar cómo se vivía en el sur de Israel, en donde un millón de israelíes no cerraron sus ojos durante las 24 horas del día. Tampoco a la Cruz Roja le importó cuando Hamas, único causante de la desgracia de su propio pueblo, arrojó a sus civiles a la muerte al usarlos como escudo humano y negándoles refugio, ni le molestó que los terroristas continuaran arrojando misiles mientras duraba la contienda, para aumentar más y más el número de víctimas con el estudiado propósito de obtener el apoyo del mundo a su causa y despertar el odio a Israel.
Hoy no escuchamos de la Cruz Roja Internacional ni una palabra de censura a Hamás que, desprovisto del mínimo remordimiento y amor a su gente, no hace nada para mejorar la situación de la sufrida población de Gaza; ni siquiera escuchamos el menor reproche a ese grupo de desalmados, por el fracaso de la visita humanitaria que la Cruz Roja intentó efectuar a Gilad Shalit, el soldado israelí secuestrado por ellos hace más de tres años.
Dos días más tarde volvió a manifestarse el antisemitismo mundial, ahora en forma de Amnistía Internacional
Creer todo lo que Hamas delata y poner en duda lo que Israel informa, es la parcialidad elevada a la máxima potencia. En cierta forma se justifica. Los daños se palpan, los hechos hay que demostrarlos, especialmente cuando hay tendenciosidad. Aún así, si esa honorable institución hubiera puesto en la balanza su memoria, el veredicto hubiera sido otro o, en último caso, no se hubiera pronunciado. Con seguridad recuerda que si Hamas suspendía el lanzamiento de sus mortíferos misiles, Tzahal, el Ejército para la defensa de Israel, hubiese detenido de inmediato las acciones. Nadie olvida cuántas veces Hamas rompió las treguas con el claro fin que Israel ataque y produzca muerte y destrucción. Pero la parcialidad frena a los recuerdos.
El culpable no es el proyectil, sino quien apretó el gatillo. Y el que apretó el gatillo con sus provocaciones fue Hamás, con la clara finalidad que el mundo censure al “agresor” sin importarle el precio que su pueblo pagaría. Hamas, único culpable, invitó al ejército israelí a que dirija el poderío de sus armas hacia sus propias mezquitas, escuelas, hospitales e instituciones cebadas con municiones y armamentos. ¿No se da cuenta Amnistía Internacional que también ella cayó en esa trampa que Hamas para su favor tendió al mundo?. Israel no pensó en trampas ni censuras. Como era su deber, sólo pensó en el bienestar de un millón de israelíes que lloraban en el sur del país. Defendió a su pueblo sin importarle esa crítica mundial, que no se movió durante ocho años de incesante bombardeo unilateral. ¿Es esto imparcialidad? Claramente no lo es. Simplemente es judeofobia que, esta vez como otras tantas veces, vuelve a manifestarse disfrazada de organización humanitaria.
Samuel Auerbach
Netanya, Israel.
Cuando en nuestro sur, los habitantes tuvieron sólo contados segundos para resguardarse de los mortíferos misiles que se lanzaban desde Gaza, la Cruz Roja no se inmutó. Durante ocho años no levantó su voz por los niños, mujeres y ancianos israelíes que fueron víctimas de esos mortales proyectiles.
La Cruz Roja hoy delata a los niños traumatizados en Gaza, pero ignora los traumas psicológicos que manifiestan nuestros niños en Sderot, como resabio de lo que fue esa incesante lluvia de bombas. Culpa a Israel por la desastrosa situación reinante en Gaza, cuando fue Hamas quien la causó con sus mortales e incesantes provocaciones. Durante ocho años la Cruz Roja no trató de averiguar cómo se vivía en el sur de Israel, en donde un millón de israelíes no cerraron sus ojos durante las 24 horas del día. Tampoco a la Cruz Roja le importó cuando Hamas, único causante de la desgracia de su propio pueblo, arrojó a sus civiles a la muerte al usarlos como escudo humano y negándoles refugio, ni le molestó que los terroristas continuaran arrojando misiles mientras duraba la contienda, para aumentar más y más el número de víctimas con el estudiado propósito de obtener el apoyo del mundo a su causa y despertar el odio a Israel.
Hoy no escuchamos de la Cruz Roja Internacional ni una palabra de censura a Hamás que, desprovisto del mínimo remordimiento y amor a su gente, no hace nada para mejorar la situación de la sufrida población de Gaza; ni siquiera escuchamos el menor reproche a ese grupo de desalmados, por el fracaso de la visita humanitaria que la Cruz Roja intentó efectuar a Gilad Shalit, el soldado israelí secuestrado por ellos hace más de tres años.
Dos días más tarde volvió a manifestarse el antisemitismo mundial, ahora en forma de Amnistía Internacional
Creer todo lo que Hamas delata y poner en duda lo que Israel informa, es la parcialidad elevada a la máxima potencia. En cierta forma se justifica. Los daños se palpan, los hechos hay que demostrarlos, especialmente cuando hay tendenciosidad. Aún así, si esa honorable institución hubiera puesto en la balanza su memoria, el veredicto hubiera sido otro o, en último caso, no se hubiera pronunciado. Con seguridad recuerda que si Hamas suspendía el lanzamiento de sus mortíferos misiles, Tzahal, el Ejército para la defensa de Israel, hubiese detenido de inmediato las acciones. Nadie olvida cuántas veces Hamas rompió las treguas con el claro fin que Israel ataque y produzca muerte y destrucción. Pero la parcialidad frena a los recuerdos.
El culpable no es el proyectil, sino quien apretó el gatillo. Y el que apretó el gatillo con sus provocaciones fue Hamás, con la clara finalidad que el mundo censure al “agresor” sin importarle el precio que su pueblo pagaría. Hamas, único culpable, invitó al ejército israelí a que dirija el poderío de sus armas hacia sus propias mezquitas, escuelas, hospitales e instituciones cebadas con municiones y armamentos. ¿No se da cuenta Amnistía Internacional que también ella cayó en esa trampa que Hamas para su favor tendió al mundo?. Israel no pensó en trampas ni censuras. Como era su deber, sólo pensó en el bienestar de un millón de israelíes que lloraban en el sur del país. Defendió a su pueblo sin importarle esa crítica mundial, que no se movió durante ocho años de incesante bombardeo unilateral. ¿Es esto imparcialidad? Claramente no lo es. Simplemente es judeofobia que, esta vez como otras tantas veces, vuelve a manifestarse disfrazada de organización humanitaria.
Samuel Auerbach
Netanya, Israel.
lunes, 29 de junio de 2009
Derechos históricos
El primer ministro dio un gran paso en pro de la paz, al declarar en el discurso que pronunció en la Universidad Bar Ilan, que aceptaba el principio de “Dos estados para dos pueblos”. No deja de ser menos importante su demostración de estadista inteligente, al lograr mantener íntegra su coalición no obstante el discurso.
La derecha prefirió beber ese trago amargo, en lugar de verse gobernada por la izquierda. La sagacidad de Bibi lo previó y por ella consideró que su declaración no pondría en peligro a su gobierno. Pero no hubiera sido lo mismo si en su discurso hubiese acordado con Obama en desmantelar las colonias. Sería oponerse en demasía a las convicciones de la gente que le facilitó su ascenso al poder, por cuyo motivo prefirió no tocar el tema.
No se debe negar que los asentamientos son una traba para el comienzo de las deliberaciones. No atenúa la magnitud del problema el hecho de haber sido, algunos de ellos, autorizados por gobiernos democráticamente elegidos por el pueblo. Aunque Netanyahu haga peligrar su gobieno, debe ordenar el desmantelamiento inmediato de los asentimientos ilegales, postergando el de las colonias que fueron permitidas, dada su importancia y tamaño, hasta tanto se resuelva su destino en las tratativas de paz. Este otro difícil paso que no anunció en su discurso, lo tendrá que dar, como lo quisieron dar algunos de sus antecesores cuando estuvieron dispuestos con valentía a “dolorosas concesiones” para llegar a la paz. No habrá otra alternativa. Ese paso lo exigen nuestros aliados occidentales que se mantienen firmes en sus recientes declaraciones. Lo exige ese gran sector del pueblo que desea vivir en paz con los vecinos, ese sector del pueblo que deja de lado sentimientos anacrónicos que dificultan hasta lo imposible, el camino que nos puede llevar a vivir sin guerras ni amenazas. Desmantelar las colonias no significa entregar territorios. Jamás volver al error de Gush Katif en el que no supimos valorar en qué manos quedaba la importante zona.
Se sostuvo después de la guerra de los seis días, que los territorios servirán de carta de triunfo en las negociaciones. Si cambiamos de parecer y queremos anexarlos, quedarán destruídos el sueño de un arreglo y la esperanza de paz. En este caso será una hipocresía desparramar por el mundo que nosotros queremos llegar a un entendimiento y que son los árabes los que se oponen . Y si no es así, si pensamos devolverlos a cambio de amistad y fronteras seguras, ¿no es ridículo y contradictorio permitir que nuestra derecha instale allí sus colonias? Esas colonias no son carpitas de fin de semana. Tienen la intención de hacer que esos terrenos vuelvan a formar parte de Eretz Israel como lo fueron en la época del rey Salomón. Si no los desalojamos, con el tiempo serán otro Ariel , Maleh Adumim, etc., y es volver a incurrir es esos errores hoy tan difíciles de reparar. Admito que no será suficiente ponernos a deliberar con los palestinos moderados que con sinceridad nos quieren como buenos vecinos. Existen fuertes grupos y países que no nos pueden ver viviendo en la región y que en todos los intentos de llegar a un acuerdo, han influido sobre las delegaciones palestinas para que se nieguen a firmar en el último momento. Llegar a la paz mientras los tengamos cerca a esos grupos, será muy difícil. Pero no pongamos trabas que podemos evitar. No dificultemos también nosotros el comienzo de las tratativas.
La derecha, que con sus leyes y proyectos de leyes tiende a convertir a Israel en una teocracia, no da el brazo a torcer. Según ese fuerte sector, el derecho histórico esta por encima de la paz. Netanyahu sabe que con sus actuales aliados, jamás podrá conseguir que los palestinos se sienten a deliberar. Sabe que el gran escollo son las colonias en los territorios, que amenazan con provocar el retiro del indispensable apoyo del mundo occidental. Seguramente sabe también, que es ridículo y contradictorio poner precio a los territorios y a la vez incautarlos con su colonización. ¿La solución? Antes que la derecha se retire de la coalición, proponer nuevamente a la oposición que deje de serlo y se integre al gobierno para luchar juntos en un equipo que no se rija por derechos que plantea el pasado, sino que actúe de acuerdo a las necesidades del presente. Pienso que esta vez, la izquierda moderada no se negará.
Por favor, sentémosnos a deliberar aunque los palestinos digan, como siempre dijeron, que no a último momento. Siempre es bueno volver a intentar, la paz lo merece. Tampoco olvidemos que no son los palestinos los que siempre se negaron, sino sus dirigentes influenciados o amenazados por sanguinarios terrorista que subyugan a su pueblo. Salvemos todas las trabas de nuestro lado y comencemos a discutir con el enemigo sin condiciones previas, porque mientras hayan discusiones, aunque sean difíciles y escabrosas, la esperanza de un arreglo de paz siempre existe.
Samuel Auerbach.
Netanya
La derecha prefirió beber ese trago amargo, en lugar de verse gobernada por la izquierda. La sagacidad de Bibi lo previó y por ella consideró que su declaración no pondría en peligro a su gobierno. Pero no hubiera sido lo mismo si en su discurso hubiese acordado con Obama en desmantelar las colonias. Sería oponerse en demasía a las convicciones de la gente que le facilitó su ascenso al poder, por cuyo motivo prefirió no tocar el tema.
No se debe negar que los asentamientos son una traba para el comienzo de las deliberaciones. No atenúa la magnitud del problema el hecho de haber sido, algunos de ellos, autorizados por gobiernos democráticamente elegidos por el pueblo. Aunque Netanyahu haga peligrar su gobieno, debe ordenar el desmantelamiento inmediato de los asentimientos ilegales, postergando el de las colonias que fueron permitidas, dada su importancia y tamaño, hasta tanto se resuelva su destino en las tratativas de paz. Este otro difícil paso que no anunció en su discurso, lo tendrá que dar, como lo quisieron dar algunos de sus antecesores cuando estuvieron dispuestos con valentía a “dolorosas concesiones” para llegar a la paz. No habrá otra alternativa. Ese paso lo exigen nuestros aliados occidentales que se mantienen firmes en sus recientes declaraciones. Lo exige ese gran sector del pueblo que desea vivir en paz con los vecinos, ese sector del pueblo que deja de lado sentimientos anacrónicos que dificultan hasta lo imposible, el camino que nos puede llevar a vivir sin guerras ni amenazas. Desmantelar las colonias no significa entregar territorios. Jamás volver al error de Gush Katif en el que no supimos valorar en qué manos quedaba la importante zona.
Se sostuvo después de la guerra de los seis días, que los territorios servirán de carta de triunfo en las negociaciones. Si cambiamos de parecer y queremos anexarlos, quedarán destruídos el sueño de un arreglo y la esperanza de paz. En este caso será una hipocresía desparramar por el mundo que nosotros queremos llegar a un entendimiento y que son los árabes los que se oponen . Y si no es así, si pensamos devolverlos a cambio de amistad y fronteras seguras, ¿no es ridículo y contradictorio permitir que nuestra derecha instale allí sus colonias? Esas colonias no son carpitas de fin de semana. Tienen la intención de hacer que esos terrenos vuelvan a formar parte de Eretz Israel como lo fueron en la época del rey Salomón. Si no los desalojamos, con el tiempo serán otro Ariel , Maleh Adumim, etc., y es volver a incurrir es esos errores hoy tan difíciles de reparar. Admito que no será suficiente ponernos a deliberar con los palestinos moderados que con sinceridad nos quieren como buenos vecinos. Existen fuertes grupos y países que no nos pueden ver viviendo en la región y que en todos los intentos de llegar a un acuerdo, han influido sobre las delegaciones palestinas para que se nieguen a firmar en el último momento. Llegar a la paz mientras los tengamos cerca a esos grupos, será muy difícil. Pero no pongamos trabas que podemos evitar. No dificultemos también nosotros el comienzo de las tratativas.
La derecha, que con sus leyes y proyectos de leyes tiende a convertir a Israel en una teocracia, no da el brazo a torcer. Según ese fuerte sector, el derecho histórico esta por encima de la paz. Netanyahu sabe que con sus actuales aliados, jamás podrá conseguir que los palestinos se sienten a deliberar. Sabe que el gran escollo son las colonias en los territorios, que amenazan con provocar el retiro del indispensable apoyo del mundo occidental. Seguramente sabe también, que es ridículo y contradictorio poner precio a los territorios y a la vez incautarlos con su colonización. ¿La solución? Antes que la derecha se retire de la coalición, proponer nuevamente a la oposición que deje de serlo y se integre al gobierno para luchar juntos en un equipo que no se rija por derechos que plantea el pasado, sino que actúe de acuerdo a las necesidades del presente. Pienso que esta vez, la izquierda moderada no se negará.
Por favor, sentémosnos a deliberar aunque los palestinos digan, como siempre dijeron, que no a último momento. Siempre es bueno volver a intentar, la paz lo merece. Tampoco olvidemos que no son los palestinos los que siempre se negaron, sino sus dirigentes influenciados o amenazados por sanguinarios terrorista que subyugan a su pueblo. Salvemos todas las trabas de nuestro lado y comencemos a discutir con el enemigo sin condiciones previas, porque mientras hayan discusiones, aunque sean difíciles y escabrosas, la esperanza de un arreglo de paz siempre existe.
Samuel Auerbach.
Netanya
Los asentamientos
Existen dos tipos de asentamientos: los legales y los que no lo son. Los primeros son producto de la política que mantuvieron los partidos de la derecha israelí, con la autorización de los gobiernos que se sucedieron después de la guerra de los seis días. Los ilegales son los que no fueron autorizados por el gobierno, aunque gozaron siempre de la tácita aprobación de los partidos de extrema derecha que integraron las coaliciones. Ambos tienen como finalidad anexar “de facto” los terrenos conquistados y no ser devueltos jamás, con el falso pretexto de otorgar seguridad a Israel. Según ellos es una manera de alejar las fronteras de los centros poblados sin tomar en cuenta que unos pocos kilómetros no son ninguna seguridad. Por otro lado, los asentamientos son poblados que se instalan casi en el borde de la frontera alejada, lo que contradice y desvirtúa ese pretexto. El motivo real de esa política, es que la Cisjordania era parte de los reinos bíblicos judíos. La guerra de los seis días les ofreció una buena oportunidad para recuperarlos. Pero la extrema derecha no toma en cuenta que se terminaron esos tiempos en que se podía decir “aquí me quedo y de aquí no me voy”, y que tarde o temprano serán desalojados. Lo exige el cumplimiento de premisas internacionales, y, además, el reintegro a los territorios del importante papel de carta de triunfo que siempre se pensó usar en futuras tratativas, carta de triunfo que servirá para exigir que la entrega de cada centímetro de su superficie, deberá estar supeditada a medidas que tiendan a una absoluta seguridad y a una paz duradera para el pueblo de Israel.
Los colonos tienen a su disposición la Galilea, físicamente en nada inferior a la Cisjordania, como lugar alternativo para instalar sus hogares. Ese imponderable territorio israelí con su generoso clima, sus verdes valles y ondulantes cerros, gustoso podrá cobijar a todos los judíos que lo quieran hacer, y volcar así a nuestro favor la proporción con la población árabe allí existente, que superará en mucho a la judía cuando menos lo imaginemos.
Es evidente que los asentamientos más antiguos han experimentado un crecimiento natural tal, que torna su desmantelamiento por demás problemático. En ese caso no habrá otra solución que introducirlos dentro del paquete a discutir.
Para conformar a su tío del norte, el gobierno israelí comenzó a desmantelar algunas colonias ilegales. Pero los colonos, burlándose de la autoridad, volvieron a incurrir una y otra vez en el mismo delito, amparados por los partidos de derecha que amenazan constantemente al primer ministro con romper la coalición.
Es fácil suponer que esas amenazas hicieron que Netanyahu, en el esperado discurso que pronunció en la Universidad de Bar Ilan, se olvidara por completo de referirse al desmantelamiento de las colonias. Parece ser que Obama, satisfecho por la decisión del primer ministro de permitir el establecimiento de dos estados en la región, también se olvidó de lo mismo. Pero los que no se olvidaron son los árabes, quienes consideran a esa omisión, junto a otras condiciones previas exigidas en el discurso, vallas insalvables que les imposibilitan sentarse a negociar.
Samuel Auerbach.
Los colonos tienen a su disposición la Galilea, físicamente en nada inferior a la Cisjordania, como lugar alternativo para instalar sus hogares. Ese imponderable territorio israelí con su generoso clima, sus verdes valles y ondulantes cerros, gustoso podrá cobijar a todos los judíos que lo quieran hacer, y volcar así a nuestro favor la proporción con la población árabe allí existente, que superará en mucho a la judía cuando menos lo imaginemos.
Es evidente que los asentamientos más antiguos han experimentado un crecimiento natural tal, que torna su desmantelamiento por demás problemático. En ese caso no habrá otra solución que introducirlos dentro del paquete a discutir.
Para conformar a su tío del norte, el gobierno israelí comenzó a desmantelar algunas colonias ilegales. Pero los colonos, burlándose de la autoridad, volvieron a incurrir una y otra vez en el mismo delito, amparados por los partidos de derecha que amenazan constantemente al primer ministro con romper la coalición.
Es fácil suponer que esas amenazas hicieron que Netanyahu, en el esperado discurso que pronunció en la Universidad de Bar Ilan, se olvidara por completo de referirse al desmantelamiento de las colonias. Parece ser que Obama, satisfecho por la decisión del primer ministro de permitir el establecimiento de dos estados en la región, también se olvidó de lo mismo. Pero los que no se olvidaron son los árabes, quienes consideran a esa omisión, junto a otras condiciones previas exigidas en el discurso, vallas insalvables que les imposibilitan sentarse a negociar.
Samuel Auerbach.
viernes, 19 de junio de 2009
El fin justifica los medios
“El fin justifica los medios”, conocido refrán que hoy los españoles completan diciendo sabiamente “pero no cuando el medio es el crimen”, a raíz del reciente atentado perpetrado por la organización Eta, en el que costó la vida del policía Eduardo Puelles García. Condenas de distintas fuentes fueron escuchadas a través de la televisión española. Minutos de silencio en todo el pueblo en memoria de la víctima, por parte del oficialismo y la oposición. La televisión española vuelca al mundo con toda su potencia, el unánime y profundo dolor que el crimen provocó en el pueblo y en las esferas políticas. Yo también condeno el atentado como estoy seguro también lo condena el mundo civilizado. Pero nunca vimos a la prensa española condenar los atentados que el terrorismo efectúa en Israel. Por su causa han dejado existir no sólo una persona, sino una indiscriminada cantidad de vidas en un instante. Y fueron cientos las muertes entre mujeres, niños y ancianos. Y fueron miles los heridos y muchos los inválidos que resultaron. Deportistas, alumnos, mujeres embarazadas, etc., etc. Y fueron muchos los atentados. Pero fueron nulas las repulsas y frecuente su difusión minimizada por la prensa española, que a veces tácitamente los parecía justificar. Parece ser que para los medios de difusión en España, ese sabio agregado al conocido refrán, no es aplicable cuando las víctimas son israelíes.
Samuel Auerbach
Samuel Auerbach
miércoles, 10 de junio de 2009
Una oportunidad distinta
No se puede negar ni dejar de valorar las buenas intenciones de Obama. Es indiscutible que con su discurso en El Cairo, en el que no faltó nada de lo necesario para los fines propuestos,y en el faltaron detalles que podrían entorpecerlos,logró lo que parecía imposible: simpatía hacia los americanos de gran parte del mundo musulmán. Lo consiguió no obstante la conocida intolerancia que el islam profesa a las culturas ajenas, en especial a la de los EEUU y a la del mundo occidental, y que se transforma en el odio que impulsa al terrorismo en Israel y en el mundo entero. Con su fluida, clara y espontánea elocuencia en la que no olvidó a su abuelo musulmán, logró al cabo de una hora, volcar hacia él y a su país, las simpatías que nunca les fueron dadas por gran parte del islam. Logró expresar que mantiene en toda su integridad el tradicional apoyo a nuestro país, sin que nadie del recinto le tire un zapato, sin que esas palabras eviten el estruendoso aplauso al final de su histórico discurso. Aplaudieron con entusiasmo al mandatario americano que, con el fiel de la justiciera balanza marcando el cero, les ofreció su sincera ayuda.
Puede ser que este final feliz traiga consigo otro que no estuvo al alcance de ninguno de sus antecesores: la paz en Israel. La exigencia árabe de que nosotros devolvamos “todos” los territorios retenidos desde la guerra de los seis días y el retorno a sus hogares en Israel de millones de palestinos, son enormes escollos tan difíciles de sortear, como lo es conseguir la deposición de las armas en manos de grupos que nos amenazan, y el reconocimiento unánime del derecho que le asiste a Israel de existir en la región. Pero la esperanza de paz, ingrediente natural en el alma de todos los judíos, se ve reforzada ahora con Obama, que nos brinda una distinta oportunidad para llegar a ella. No hay que dejarla pasar.
Samuel Auerbach.
Puede ser que este final feliz traiga consigo otro que no estuvo al alcance de ninguno de sus antecesores: la paz en Israel. La exigencia árabe de que nosotros devolvamos “todos” los territorios retenidos desde la guerra de los seis días y el retorno a sus hogares en Israel de millones de palestinos, son enormes escollos tan difíciles de sortear, como lo es conseguir la deposición de las armas en manos de grupos que nos amenazan, y el reconocimiento unánime del derecho que le asiste a Israel de existir en la región. Pero la esperanza de paz, ingrediente natural en el alma de todos los judíos, se ve reforzada ahora con Obama, que nos brinda una distinta oportunidad para llegar a ella. No hay que dejarla pasar.
Samuel Auerbach.
viernes, 5 de junio de 2009
¿Que esperaba Israel que Obama dijera?
Bueno, decir Israel es decir algo muy amplio. Su pueblo esperaba que dijera, cuando habló en la Universidad de El Cairo, palabras acordes a cada una de las diferentes opiniones que por él se pasean. Pensándolo bien, sólo existen en Israel dos opiniones principales completamente opuestas. Una es "la derecha” y a los otros se la conoce como "la izquierda”. Aunque las dos partes abogan por tratativas que conduzcan a la paz, la diferencia estriba en la entrega de territorios. "La derecha" quiere llegar a la paz con los árabes sin entregarlos. Ni si quiera deben formar parte de la lista de temas a tratar. Para ello propone dos alternativas. No hay necesidad que nazca un estado árabe. En su lugar, una próspera “economía árabe” en donde tendrán buena comida. La otra alternativa, si es que la anterior no satisface a los primos, sería pedir permiso al rey Hussein, nuestro buen vecino del este, para instalar en su territorio el soñado estado de los palestinos. Cualquier cosa con tal de no entregar nada, absolutamente nada de los sagrados territorios que una vez formaron parte de los antiguos reinos de Judea e Israel. En aquel entonces no existían los palestinos, por lo cual no existe razón alguna para que hoy se instalen agrupados como país dentro de lo que fueron esos reinos. Por supuesto, según ellos, el discurso del presidente de los EEUU en la universidad de El Cairo, un desastre, digno de un antisemita.
La izquierda salió bailando a la calle después del discurso. Obama dijo exactamente lo que ellos proponen: dos estados para dos pueblos, y el derecho de Israel de existir con fronteras seguras al lado de un Estado Palestino, cuyos límites se fijarán en las tratativas de paz que las partes interesadas habrán de llevar a cabo.
Es improcedente discutir si la historia recuerda que hubo, o que nunca hubo palestinos en la zona. Lo real es que los palestinos existen y no vinieron recién. Recordemos que los judíos los reconocieron en el momento en que se decretó la partición de Palestina. ¿Qué hubiera pasado si los árabes no se hubieran opuesto?. Con toda seguridad el territorio de Israel hubiera sido mucho más reducido del que podrá resultar una vez concluídas las tratativas de paz, tratativas que la derecha obstaculiza a causa de sus inaceptables pretenciones.
Samuel Auerbach
La izquierda salió bailando a la calle después del discurso. Obama dijo exactamente lo que ellos proponen: dos estados para dos pueblos, y el derecho de Israel de existir con fronteras seguras al lado de un Estado Palestino, cuyos límites se fijarán en las tratativas de paz que las partes interesadas habrán de llevar a cabo.
Es improcedente discutir si la historia recuerda que hubo, o que nunca hubo palestinos en la zona. Lo real es que los palestinos existen y no vinieron recién. Recordemos que los judíos los reconocieron en el momento en que se decretó la partición de Palestina. ¿Qué hubiera pasado si los árabes no se hubieran opuesto?. Con toda seguridad el territorio de Israel hubiera sido mucho más reducido del que podrá resultar una vez concluídas las tratativas de paz, tratativas que la derecha obstaculiza a causa de sus inaceptables pretenciones.
Samuel Auerbach
Fango muy espeso
La extrema derecha de Israel está usando lo mismos métodos usados por todos los extremista en el mundo, en Argentina, en Venezuela, en el medio oriente y en el oriente, para desacreditar al que no piensa como ellos. Pancartas, insultos, fotomontajes y mentiras contra Obama, los tendrá ocupados de aquí en adelante. No les interesa otra cosa que ver a su sueño de la patria grande de sus antepasados, hecho realidad. Lo triste y sumamente peligroso es que este gobierno los apoya. Para el mundo no es el gobierno el que así procede, es Israel. Los que queremos un poco de tranquilidad estamos incluidos, y lo merecemos por que no hemos hecho nada para no llegar a esto. Sí, acuso a nuestra izquierda moderada que no aceptó a formar parte del gobierno cuando se le ofreció la oportunidad. Qué importancia tenía la estúpida rotación en la silla de la primera magistratura, frente al caos que nos espera y la aislamiento mundial que nos amenaza. Pobre nuestra esperanza que apenas se arrastra sobre ese fango tan espeso. Cuan débil es la luz que nos hace ver al final del camino. Pero la luz no se apagó. Israel siempre demostró tener las fuerzas y cerebros necesarios para sobrevivir en situaciones muy difíciles. El judío dijo y seguirá diciendo, “si nos salvamos del faraón, también nos salvaremos ahora”.
Samuel Auerbach
Samuel Auerbach
martes, 2 de junio de 2009
La paz a su manera.
Es cierto que los pueblos tienen el gobierno que se merecen, pero también es cierto que muchos pueblos son víctimas de sus propios gobiernos. Si bien el resultado de las últimas elecciones dio por resultado a la coalición que hoy gobierna a Israel, no significa que esa coalición haga lo que más le conviene al pueblo al negar la premisa “Dos estados para dos pueblos”, aceptada por el anterior gobierno, por su fiel aliado, el mundo occidental y muchos países árabes. Ese principio era el portón que al abrirlo, nos permitiría transitar por el camino que podría conducir a la paz. No existe otro portón que lo haga. Las alternativas propuestas son inaceptables. El jeroglífico “dos economías para dos pueblos” o pedir a Jordania que done parte de sus tierras a los palestinos, son proposiciones utópicas, como vulgarmente se dice, “no tienen pie ni cabeza”. Por otro lado es contradictorio no aceptar a un estado palestino como vecino, pero sugerir que se instale en un lindero territorio ajeno, comprometiendo así las buenas relaciones que mantenemos con uno de los pocos países árabes que aún nos respetan. De esto se deduce que Israel aceptaría el famoso principio, pero con la condición que su concreción no signifique la entrega de territorios, tan caros para nuestra extrema derecha, que ahora manda para desdicha de los que estamos cansados de conflictos. Si tanto luchamos para que nos reconozcan como país soberano en esta región, también debemos reconocer el derecho de existir de los palestinos compartiendo la zona, como lo reconoció Ben Gurión al aceptar la partición de Palestina. Es evidente que las condiciones cambiaron desde ese entonces, como también los límites demarcados. El panorama político de la región no es el mismo. Esos asuntos como todos los demás concernientes, se discutirían en la mesa de la paz, que ni si quiera puede comenzar a deliberar por que este gobierno mantiene cerrado herméticamente a ese portón. Es ridículo querer concertar una paz con un estado que no existe. Por lo tanto nuestro gobierno no quiere la paz. O mejor dicho, quiere la paz a su manera. Quiere un fuerte ejército que asegure la paz a un país más extenso, pero inestable y constantemente amenazado.
Samuel Auerbach.
Samuel Auerbach.
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