jueves, 28 de enero de 2010

La paz se complica en el medio oriente.

La obligación de los buenos estadistas es obrar siguiendo el sendero que marcan sus propósitos, y saber qué no decir para evitar desviarse de él. Tres declaraciones de nuestro primer ministro han provocado un sentimiento de frustración en los países interesados en la paz y en un amplio sector del pueblo de Israel. A pesar que desde que comenzaron los esfuerzos para proseguir con las deliberaciones de paz, Netaniahu llamó a los palestinos a “conversar sin condiciones previas”, antepuso tres que dan por terminadas todas las esperanza de comenzar a hablar con el enemigo.

En una reciente declaración, dijo: “El este de Jerusalem es parte indivisible de la capital del Estado de Israel”. Inoportuna afirmación que obra como condición previa, cuando bien puede ser un tema a discutir. Al sentirme desprendido de sentimientos ancestrales que están en pugna con la paz, me permito pensar que no agregaríamos ningún riesgo si el nuevo país instalaría allí su capital. Es una zona densamente poblada por árabes, a la que la mayoría de los israelíes se abstiene de visitar. Además se evitaría un masivo aumento de la ya numerosa y problemática población árabe instalada en el resto de Israel. Aunque el número de palestinos que vive en Jerusalem oriental es polémico, en 2008 se estimaba en más de 200.000. ¿Porqué no dejamos este tema para futuras deliberaciones si es que en realidad queremos volver a deliberar?.

También declaró lo siguiente: “El nuevo Estado Palestino debe ser un país desarmado”. Eso lo haría vulnerable a cualquier ataque de grupos terroristas que niegan la existencia del estado de Israel en la zona. Es hacer que el nuevo país se sienta inferior en medio de poderosos leones. Una condición denigrante y suficiente para impedir la reanudación de la tratativas de paz.

En una tercera declaración estableció que “El nuevo país tendrá que albergar una presencia israelí”. Esto es un flagrante atropello a la soberanía de un país amigo, con el cual las relaciones amistosas deben estar basadas en la confianza mutua.

Estas declaraciones y el impune desacato por parte de los colonos a las resoluciones que el Gobierno de Israel optó como gestos a favor de la paz, crean una situación que anula el acercamiento entre israelíes y palestinos.

Es cierto que los palestinos tienen sus propias condiciones previas inaceptables y por mas correctos y condescendientes que seamos, siempre aparecerá un “no” al final de las conversaciones. Pero no veo porqué si los palestinos no hacen nada para llegar a la paz, nosotros debamos comportarnos de la misma manera. ¿Porqué no hacemos ver al mundo que solamente son ellos los culpables de este odioso estancamiento?.

Dos grandes cargas son las causas de esta situación. Con toda seguridad Netaniahu hubiera hablado y obrado de otra manera si no tuviera sobre su espalda la carga de la extrema isreaelí. Y con la misma seguridad se puede afirmar que el pueblo palestino dejaría de pronunciar su famoso “no”, si se pudiera desprender del inmenso peso que es tener a Hamas, Hisballah e Irán colgados de sus hombros.

Esos son los verdaderos y únicos motivos que obstaculizan la paz en la región.

La remoción de la carga israelí, Israel la tiene en sus propias manos y será posible cuando nuestros dirigentes se den cuenta que de nada sirven conductas que obedecen a cuestiones personales; que es conveniente dejar de lado ofensas y arrogancias que son meras estupideces frente a intereses que urgen, y que la solución está en aunar fuerzas para dejar al extremismo laico-religioso fuera de combate.

Convencer a los árabes es mucho mas difícil y no está dentro de las posibilidades de Israel. Sólo el conjunto de potencias libres podrán hacerlo, pero no con palabras. Con palabras nadie podrá convencer a los extremistas árabes que Israel tiene el derecho de existir en el medio oriente. Puede ser que con medidas de fuerza sin llegar a la guerra, se lo logre. Pero el mundo libre no hace lo suficiente en ese sentido. El comercio de armas y la necesidad del oro negro atraen más que la existencia de Israel. Es muy probable que la solución de este problema, resida en hallar e imponer un combustible que reemplace a esa función del veneno llamado petróleo, base del sustento terrorista. No sólo Israel se verá beneficiado, sino toda la humanidad se enriquecerá con las mejoras que ese hallazgo producirá en muchos elementos que le son idispensables.



Samuel Auerbach.

Netanya, Israel.

domingo, 24 de enero de 2010

Por amor a la paz

Son varios los personajes que dedican y que dedicaron gran parte de su tiempo en llamar a los pueblos del Cercano Oriente a la convivencia pacífica. Lo hicieron de varias formas.
Es un gusto recordar al mitológico Abie Nathan quien, desde desde su barca anclada en aguas extraterritoriales frente a la costa de Tel Aviv, transmitió durante 20 años sin interrupción, música y proclamas en varios idiomas dirigidas al Cercano Oriente y al mundo, llamando a la paz, a la concordia y a la ayuda a los necesitados. Llegó a tal punto su entusiasmo y su amor innato a la paz que, desoyendo las leyes imperantes en Israel, voló en un avión privado hasta Egipto para hablar con el enemigo de entonces.
No menos importante es la labor que en ese sentido realizan dos prominentes músicos argentinos. Miguel Angel Estrella, pianista nacido en la provincia de Tucumán de padres libaneses, actual embajador de Argentina ante la UNESCO desde el año 2003, funda en el año 1982, el movimiento internacional “Música Esperanza” cuyos objetivos son facilitar el acceso a la música, crear lazos entre las diferentes comunidades y defender la dignidad humana. Dentro de ese marco crea la “Orquesta de la paz, Los hijos de Abraham”, integrada por 45 jóvenes músicos de origen judío y musulmán. Sus primeras actuaciones datan del año 2000, ofreciendo conciertos en Francia, Europa y el Cercano Oriente. Recientemente el ministro francés de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, le ofreció 60.000 euros de aporte financiero.
Con el mismo fin de demostrar que con la música palestinos e israelíes pueden convivir en paz, fue creada otra orquesta. El pianista y director de orquesta de fama mundial Daniel Barenboim, también nacido en Argentina pero de origen judío, en base a un proyecto que dio a luz en el año 1999 en colaboración con el filósofo árabe ya desaparecido Edward Said, funda la West-Eastern Divan Orchestra. Actualmente la integran músicos israelíes, españoles, árabes cristianos, y árabes musulmanes.
A pesar que, debido en sus incursiones en política, Barenboim no goza de la simpatía del púbilco israelí, su esfuerzo por crear un acercamiento entre palestinos e israelíes merece el mismo aplauso que su actividad artística. Es reconfortante constatar el ambiente de compañerismo y amistad que reina entre los músicos cuyos países de origen se encuentran en profundo estado de beligerancia.
El día 5 de Enero de 2010, la orquesta dio un concierto en Doha, capital del emirato de Qatar. El canal 2 de la televisión francesa siguió el evento entrevistando, filmando y fotografiando a algunos de sus músicos tanto árabes como israelíes. La oboísta israelí Meirav Kadichevski, nieta del autor de esta nota, fue fotografiada junto a musulmanes para testimoniar gráficamente el ambiente de camaradería que reina entre los integrantes de la orquesta, y la amabilidad que el pueblo anfitrión demostró a los integrantes de la misma sin importar su origen.
Se deduce de estas orquestas, que los judíos no son lo que algunos imanes inculcan a sus fieles en las mezquitas, que no son lo que los extremistas les dicen a sus hijos en las escuelas y que no todos los musulmanes son terroristas que odian a los judíos, ni todos los palestinos quieren arrojar al mar a los israelíes, como muchos extremistas israelíes piensan. En esencia, se quiere demostrar con la música de estas orquestas que, mas allá de la política o la religión, somos todos seres humanos con necesidades básicas similares, que el respeto mutuo debe permanecer inmutable frente a las diferencias de opiniones, insinuando a la vez que todos debemos trabajar juntos para crear un mundo sin violencia.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.

domingo, 3 de enero de 2010

Una simpática historia verídica.

De común acuerdo mi señora y yo, como dos buenos jubilados cierto medio día salimos a tomar un poco de sol en el hermoso paseo que Netanya tiene frente al mar. Activos como somos, mi señora aprovechó la larga y pareja vereda para hacer su acostumbrado "footing", y yo me quedé fotografiando la zona que mucho se presta para ello. Antes de volver a casa nos sentamos en uno de los bancos frente el mar, bajo una de las numerosas glorietas que adornan el paseo. En eso, una pequeña y tímida palomita silvestre se acerca a unos dos metros de nosotros y no nos deja de observar. Yo no termino de sacarle fotos. Ella no se mueve del lugar y, como haciendo poses para el fotógrafo, se para en una patita, se higieniza sus plumas, se sacude y de vez en cuando nos mira, mira para arriba, mira para abajo, pero siempre sin abandonar el lugar. ¿Qué pensará la palomita?, nos preguntamos. ¿Sabrá ella que nosotros queremos a los animales y por eso no nos tiene miedo?. ¿Querrá venir hacia nosotros pero no se atreve?. Cuando por fin nos levantamos y comenzamos a caminar para dar por teminado el paseo, nos dimos cuenta al mirar hacia atrás, qué es lo que la palomita pensaba: ¿Cuando se irán estos señores?. La palomita corrió hacia debajo del banco que abandonamos, y comenzó a devorar los restos de semillas que había alrededor.
Samuel Auerbach

sábado, 26 de diciembre de 2009

Este es el momento.

Cuando en la Universidad Bar Ilan, Benjamín Netanyahu anunció que hacía suya la premisa que declara dos estados para dos pueblos en el medio oriente, el fanatismo religioso israelí con asiento en el gobierno se mordió los labios. Cuando ordenó la suspensión de las construcciones en los territorios por el termino de diez meses, esta vez levantó su voz de protesta acompañada con acciones lindantes a la subversión, y lanzando serias amenazas a la estabilidad de la coalición. Es natural que Netanyahu, que da indicios de no querer apartarse de su camino, esté buscando la manera de contrarrestar el efecto que produciría el retiro de la coalición de los partidos religiosos, arrastrando con ellos una significativa cantidad de escaños.
Frente a las dificultades y amenazas que el gobierno de Netanyahu está afrontando desde que dio muestras con hechos que la paz en Israel es su norte, la obligación de todos sus adversarios políticos es deponer las armas y ayudarlo en la tarea, y no esperar que su gobierno caiga para darles una oportunidad de subir al poder. Las elecciones que como consecuencia se llevarían a cabo, junto a otros inconvenientes no les ofrecen ninguna seguridad que así será. Además, se podría llegar como resultado de las mismas, a una situación semejante o peor que la actual.
Los liberales del país agrupados en distintos partidos políticos, que también ven en la paz con nuestros actuales y futuros vecinos una obligación primera, deben dejar de lado sus otras diferencias personales o políticas y unirse a él, para que juntos puedan facilitar la remoción de las dos grandes piedras en el camino de la paz: el fundamentalismo musulmán que niega la existencia de Israel y el fanatismo religioso interno que al no querer entregar territorios, anula toda esperanza de llegar a ella.
Cuánto es de lamentar que no hubo acuerdo cuando en las tratativas para formar gobierno, Netanyahu intentó convencer a Kadima que acepte su ofrecimiento. La función del presente es corregir los errores del pasado. Este es el momento.
Samuel Auerbach.
Netanya.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Los dos frentes

El primer ministro Benjamín Netanyahu ofrece fehacientes indicios que quiere la paz. Lo demuestra la lucha que está manteniendo contra dos frentes difíciles, el externo y el interno. El frente externo es el que lleva a cabo junto al mundo liberal contra el fanatismo musulmán. Por el momento es un problema ideológico arduo de resolver. Convencer a Irán y a los grupos terroristas a los cuales les provee dinero y armas, que corresponde a Israel el derecho de existir en la región, sólo se podrá conseguir reemplazando a sus dirigentes, o ayudando a los factores subversivos intrínsecos que lo quieren hacer y que no faltan.
El frente interno es el que está librando Netanyahu contra el fanatismo religioso que impera en el país. Un fanatismo que cree factible el absurdo de una paz sin entrega de territorios. Es una lucha extremadamente complicada, pues la afronta contra los partidos que lo llevaron al poder y que constituyen mayoría en el gobierno. Es una lucha moralmente dolorosa, porque es contra autoridades religiosas a quienes honra y respeta.
A pesar que, como medida significativa a favor de la paz, sólo se ordenó la interrupción de las construcciones dentro de los territorios en litigio durante el término de diez meses, ya lo consideran traidor y lo amenazan con derribar al gobierno.
La negativa de los colonos a suspender sus construcciones en las colonias, toma caracteres violentos. Las fuerzas encargadas de hacer cumplir lo resuelto, se ven en serias dificultades frente a la resistencia agresiva de los colonos. Algunos rabinos insisten en adoctrinar a sus discípulos que sirven en las fuerzas armadas, a que desoigan los órdenes de sus superiores. Decenas de rabinos declaran que “la lealtad a Dios se encuentra ante cualquier otra lealtad, hacia el Gobierno o el Ejército”. Un verdadero ambiente de caos y subversión en esta primera fase, que por ahora no daña, pues no impide que el gobierno continúe con su política tendiente a reanudar las conversaciones de paz con los palestinos.
Pero esas conversaciones jamás podrán llegar a feliz término, si es que Netanyahu no encara la fase siguiente de su lucha interna: la liberación completa de ocupantes en los terrenos donde de común acuerdo se habrá de levantar al nuevo país árabe.
¿Qué ocurrirá en ese entonces con la coalición que formó el primer ministro? Es atinado pensar que frente al valor que tiene alcanzar la paz, las coaliciones pierden importancia.
Samuel Auerbach.
Natanya, Israel

jueves, 10 de diciembre de 2009

Antisemitas y anti israelíes de igual raíz

Según la Biblia, Ismael fue hijo de Abraham y su sierva egipcia Agar, e Issac fue hijo de Abraham y su esposa Sara. Se acepta que los árabes descienden de Ismael y los judíos de Isaac, por lo que se deduce que árabes y judíos son parientes sanguíneos.
Según el diccionario cibernético Enciclonet, semita es la denominación de una de las familias étnicas más importantes de la Antigüedad que apareció en Oriente en torno al IV milenio a.C. Su nombre proviene de Sem, hijo de Noé, del cual se hacen descendientes. Los árabes, hebreos, caldeos, fenicios y sirios son los pueblos más representativos de esta etnia. Actualmente tan sólo los árabes y los judíos mantienen una lengua semítica, aunque en la antigüedad las lenguas semíticas se extendían por gran parte del Mediterráneo oriental.
Según Wikipedia, el término semita se refiere a aquellas personas cuya lengua materna es una lengua semita. Al igual que cualquier otra denominación étnica, no tiene ninguna denotación biológica sino únicamente cultural y lingüística. Las poblaciones actuales que tienen lenguas semíticas incluyen a los árabes, los judíos, los etíopes y los arameos (comunidades del Líbano y norte de Iraq).
De las tres fuentes se desprende que tanto los judíos como los árabes son semitas. Se podría suponer erróneamente entonces, que la palabra antisemita involucra el odio tanto a los judíos como a los árabes.
El odio a los judíos está documentado desde los orígenes del cristianismo y hay hipótesis que lo sitúan ya en la época helenística. Tanto la Biblia como la historia judía se refieren a enemigos de Israel desde el pasado más lejano.
Pero el primero que uso la palabra antisemita para exhortar hostilidad sólo contra los judíos, fue el periodista y agitador alemán Wilhelm Marr en un panfleto que difundió en 1879. Lo hizo sin tener en cuenta que, por su etimología, el término antisemita da a entender que se trata de un prejuicio contra los árabes, judíos y semitas en general. Desde entonces se lo usa en forma exclusiva para referirse a la hostilidad contra los judíos.
Después de la creación del estado e Israel, aparecieron dos nuevos vocablos: el antisionismo y el antiisraelismo.
El sionismo es un movimiento que nació en la diáspora tendiente a despertar en los judíos la pasión de volver a poblar La Palestina junto a los judíos que ya vivían allí, con la esperanza de que algún día se levantaría alli su país reconocido por el mundo. Por lo tanto, ser antisionista es negar la existencia misma de Israel en La Palestina y no se diferencia en nada con el antiisraelí.
Es natural que haya quienes no estén de acuerdo con la conducción de un gobierno, pero ello no justifica estar en contra del país y ponerse del lado de los países que lo quieren borrar del mapa. Así son los que se auto denominan antiisraelíes.
El antisemita, que es en esencia un enfermo de judeofobia muy difícil de tratar, está en contra del sionismo, en contra de Israel, en contra del judío como persona y de todo lo que haga o diga, por que lo odia sin desperdiciar nada de todo lo bueno que ese sufrido pueblo le ofreció a él y al resto del mundo.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

La paja en el ojo ajeno

Nos preocupa mucho la lenta pero constante expansión del islamismo en el mundo, pero no prestamos la debida atención sobre qué es lo que está sucediendo en nuestra casa. Vemos la paja en el ojo ajeno. Así como los extremistas árabes quieren imponer las leyes del Corán en el mundo, de la misma manera el fanatismo religioso israelí trata de reemplazar las leyes laicas que rigen la justicia en Israel, por la leyes religiosas de la Halajá. Es decir, quieren convertir al democrático estado de Israel en otra teocracia más en el Medio Oriente. Lo prueban los Rabinos en las "ieshivot" cuando exhortan a sus discípulos a que se resistan a la ley, como hacen los Imanes en la mezquitas cuando predisponen a sus fieles contra Israel. Pero la prueba contundente es el discurso pronunciado recientemente por el actual ministro de justicia, y el aplauso que recibió de las autoridades en función que lo escuchaban. El ministro dijo, entre otros conceptos:

“Paso a paso, otorgaremos a los ciudadanos de Israel las leyes de la Torá y convertiremos a la Halajá en la legislación vinculante de la nación"., "Debemos recuperar la herencia de nuestros padres a la nación de Israel". “La Torá tiene la solución completa a todas las preguntas que estamos tratando."

En otras palabras, pretende, entre otras prohibiciones, prohibir en días sábados toda actividad que no sea religiosa, paralizando completamente al país una vez por semana; pretende prohibir a gran parte de la población, que se alimente con carne porcina y sus derivados, siendo mas saludable que la carne vacuna en ciertos aspectos; pretende denigrar a la mujer, prohibiéndole viajar en la parte delantera del transporte público; pretende prohibir el casamiento civil; pretende prohibir que se considere judío a todos los judíos que no se pongan los “tefilim; pretende imponer la pena de muerte a los homosexuales (Levítico 18:22: "Si alguno se juntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos); etc., etc.

Esto es lamentable y preocupante. Es un mal que debe ser tratado sin dilación. De la misma manera con que el fanatismo musulmán acosa al mundo, el fanatismo religioso interno está socavando los pilares de la democracia sobre los cuales todavía se sustenta Israel.

Israel ve con preocupación la apatía del mundo frente a la expansión del islam, ve con claridad que mientras exista el extremismo árabe, jamás podrá haber paz en la zona. Pero entonces ¿cómo es que no ve el peligro que representa el fanatismo religioso israelí con su marcada explosión demográfica?. Es tan imperioso frenar a Irán en su desarrollo atómico, como poner coto de alguna manera, la extensión de ese serio peligro que, además, debilita a nuestra fuerzas armadas, nos aleja de occidente e impide las conversaciones con el enemigo, cuyo comienzo constituye una fehaciente prueba de nuestros sinceros deseos de paz.

Como era de suponer, las palabras del ministro de justicia provocaron una ola de protestas en los sectores liberales del país, lo que llevó al ministro a disculparse de esta manera, según los diarios matutinos del día siguiente:

"No llamé a cambiar las leyes del país por la leyes de la “Halaja”. Se trata de un sistema legal alternativo que sólo el que lo desea lo puede adoptar."

Si es cierto que se expresó mal, que esa no fue su intención, los funcionarios religiosos y gubernamentales que lo aplaudieron no lo hicieron por lo que quiso decir, sino por lo que dijo. Yo sigo opinando que fue una natural exteriorización de lo que anhela, pues no creo que un abogado de la talla de Iaakov Neeman, no sepa volcar en palabras lo que piensa. Los que así se expresan y los que los festejan, son personas que sueñan con teocratizar al país. De ninguna manera deben formar parte del gobierno de Israel. Para evitar que la teocracia siga obstaculizando la conducción racional del país, se impone con urgencia separar la religión del estado. Ya en el siglo XVII de nuestra era, el gran filósofo judío Spinoza consideró útil esa separación. Su posición provocó la ira entre los judíos de Holanda, que lo excomulgaron por hereje cuando contaba 23 años de edad.
Samuel Auerbach.
Natanya, Israel.

viernes, 27 de noviembre de 2009

El “no” de los palestinos.

Mientras que los grupos y naciones extremista musulmanes no otorguen a Israel el derecho de existir como país en la región, nunca podrá haber paz en el medio oriente. Los palestinos moderados que se esfuerzan en llegar a un acuerdo, jamás podrán concretar su estado por más esfuerzos que hagan y renunciamientos que otorguen u obtengan por parte de Israel, si es que el poderío bélico de la extrema musulmana, su antisemitismo innato y sus ansias de expansión por el mundo, los seguirán presionando. Siempre al final de las negociaciones dirán un “no” surgido desde las sombras donde se esconde el oscurantismo musulmán.
Es fácil deducir entonces que la lucha por la paz debe fijar sus acciones sobre su principal impedimento: Irán que, por intermedio de sus ejércitos aliados a los cuales alimenta, Hisballah y Hamas, pretende aniquilar a Israel.
Por supuesto que para llevar a cabo esa lucha con alguna posibilidad de éxito, es necesaria la intervención del mundo liberal que deberá tratar de hacerlo por todos lo medios a su alcance, ya sean pacíficos, sanciones internacionales, acciones bélicas o fortificando a las fuerzas internas iraníes que tratan de derribar al régimen dictatorial. Está comprobado que los medios pacíficos no dan resultado, pues si de esa manera no se consigue que Irán abandone sus pretenciones atómicas, menos aún lo será que reconozca que el Estado de Israel tiene derecho a existir. Nos quedan las otras tres opciones que no excluirán a las tratativas directas con los sectores palestinos moderados, a las que Israel no deberá de entorpecer con acciones que los provocan, que los irritan y aparentan no desear la paz, como por ejemplo, tolerar las colonias ilegales, continuar colonizando la zonas destinadas a negociar, y seguir expandiendo sobre los terrenos en litigio las colonias y ciudades ya existentes.
Si Israel no se opone a un Estado Palestino vecino con el cual se podrá vivir en paz, debe mantener libre de ocupantes su razonable oferta territorial, a la espera del inicio de las deliberaciones, cualesquiera que sean los interlocutores compañeros sentados en su mesa.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.

viernes, 20 de noviembre de 2009

La paz de Netaniahu

“La secretaria de Estado de Estados Unidos Hillary Rodham Clinton rechazó la demanda del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, para que Israel congele toda actividad de los asentamientos, como negociación previa a las deliberaciones”.
La noticia aparecida recientemente en la prensa, no hace referencia alguna al desmantelamiento de las colonias ilegales ni a la instalación de nuevas. Evitar que se “congele toda actividad de los asentamientos” significa permitir la expansión israelí dentro de los territorios a devolver, hasta tanto se reúna la comisión que trate sobre la paz en Oriente Medio.
Con esta nueva política aprobada por la señora Clinton, no creo que los palestinos, que ven cómo se colonizan los terrenos que exigen como suyos, quieran siquiera oír de un arreglo con Israel.
Es imprevisible el tiempo que esta situación se podrá mantener pero, con seguridad, será con exceso mayor que el necesario para que el primer ministro Netaniahu termine su mandato sin traicionar a los partidos que lo llevaron al poder.
Construir y expandir las colonias en los terrenos que Netaniahu está dispuesto a entregar, es similar a usar dinero destinado a devolver, con la diferencia que dinero, en el mejor de los casos, se podrá conseguir de otra fuente, pero la zona en cuestión, Cisjordania, es única e irremplazable.
Si Netaniahu está seguro que es factible llegar a un arreglo con los palestinos, también debe estar seguro que el nuevo país palestino se instalará en los territorios. No puede ser de otra forma.
¿Qué sentido tiene entonces invertir nuevos capitales y bienes en ellos, permitir que israelíes instalen sus viviendas allí, si es que está seguro que cuando llegue el tan ansiada acuerdo, esos capitales no se recuperarán, y esos israelíes tendrán que ser desalojados seguramente por la fuerza, como ya sucedió varias veces en Israel? A medida que pase el tiempo, la devolución será más dificultosa y más dolorosa.
No hay que ser genio ni profeta para vaticinar este desagradable porvenir. Cuanto más tiempo pase, el inconveniente será mayor. Se consolidarán las colonias y se acrecentará la población en ellas. Hasta puede ser que algunas se transformen en ciudades.
Es muy posible que el primer ministro Netaniahu guarde en su interior la convicción que difícilmente habrá paz en la zona, pero al convencer a la señora Clinton de que no se oponga a que Israel mantenga su política colonizadora en los territorios, se asegura el apoyo de los Estados Unidos a Israel y la soñada paz, la tranquilizadora paz que necesita dentro de su coalición de Gobierno.

Samuel Auerbach
Natanya, Israel

sábado, 7 de noviembre de 2009

Parte de los israelíes no admiten la discrepancia

No todos los israelíes están convencidos que el presidente Obama no apoya a Israel y ni vela por su seguridad. Si su intervención aún no logró un avance en el proceso de paz, es en parte debido a las dificultades que anteponen los israelíes que sueñan con una paz sin entrega de territorios. Un absurdo que no cabe en mentes que saben emplear la lógica cuando piensan. Tal es la mente de Obama; por eso lo consideran pernicioso para Israel. Tal fue la mente de Itzjak Rabin; por eso él ya no está entre nosotros.
Los israelíes que creen que podemos prescindir del apoyo americano, los que piensan que la muerte de Rabin fue necesaria pues con ello se alejó el peligro que corría la recuperación del bíblico Reino de Judea y Samaria, son aquellos que en estos momentos tienen representación mayoritaria en el Parlamento israelí.
No todos los pueblos tienen los Gobiernos que se merecen. Pienso como muchos, que Israel tiene el derecho a un Gobierno que coloque a la paz por encima de toda pretensión material, especialmente si se tiene en cuenta que sus habitantes pertenecen al pueblo judío, que desde hace siglos no sabe qué significa vivir con tranquilidad. Rabin lo tenía muy presente y no lo ocultaba. Lo pregonaba por doquier, a pesar del peligro que con ello su vida corría. Su valentía, su nobleza y su honradez política le costaron la vida. Heroico soldado así como lo fue en las luchas armadas, así murió heroicamente luchando por la paz de su pueblo.
No es extraño que esos israelíes consideren enemigos de Israel al titular de la Casa Blanca y a las potencias occidentales que ofrecen su sana intervención en el proceso de paz. Esos israelíes no admiten otros pensamientos que no sea los suyos.
Acusan violentamente de enemigo al que piensa distinto, porque sus ideas están basadas en sentimientos en vez de serlo en justos criterios. En realidad son esos israelíes los verdaderos enemigos de la paz al pretender recuperar antiguos reinos.
Ya lo dije una vez: los sentimientos no admiten discusión. Sus convicciones son producto de manifestaciones anímicas fuertemente arraigadas en el subconsciente desde tiempos pretéritos que, con el poder que les ofrecen sus escaños, se empeñan en concretar.
Samuel Auerbach.
Natanya, Israel.

viernes, 23 de octubre de 2009

No les interesa la paz

En la apertura del período de sesiones de invierno de la Kneset, Shimon Peres dijo que no había mejor solución al conflicto palestino-israelí que el plan de dos Estados.
El consejo Yesha (en hebreo, sigla de Judea y Samaria) lo criticó diciendo que sería prudente que guarde silencio sobre ésta y otras cuestiones, por el bien de su honor y posición. Es decir: declara abiertamente que se niega a la creación de un Estado palestino al lado de Israel, lo que equivale decir que se opone a la paz y a las conversaciones que tiendan a ella.
El consejo Yesha y sus partidarios en la Kneset, con el pretexto que los palestinos no desean la paz porque siempre dijeron “No” antes de llegar a un acuerdo (una conclusión no del todo desacertada), materializan un fuerte sentimiento surgido por nostalgias históricas haciendo creer al mundo que tampoco Israel quiere la paz.
Las acciones unilaterales llevadas a cabo por ese consejo, tienen el respaldo de partidos políticos que integran la coalición, con suficiente número de escaños como para derribar al Gobierno cuando lo crean conveniente.
Lo sorprendente es que Netaniahu dijo en Bar Ilán lo mismo que Peres en la Kneset, pero con el primero Yesha fue más condescendiente. Varios son los motivos que explican tal actitud. Puede ser que el primer ministro siempre estuvo en completo acuerdo con los partidos mayoritarios y lo dicho en Bar Ilán fueron palabras destinadas sólo para quedar bien con Obama, cuyo valioso apoyo político y logístico nos está prohibido perder. Pero también es posible que, aunque hayan sido sinceras sus palabras, la tácita amenaza de ese fuerte grupo de escaños no le permite oponerse a ellos sin peligrar la estabilidad de su coalición.
Cualesquiera sean los motivos, ciertas palabras tienen valor sólo si son acompañadas por hechos acordes. En nuestro caso, los hechos sólo responden a ideales de partidos que no desean una paz que suponga devolución de territorios, a pesar de las declaraciones de su primer ministro y de su presidente. Es difícil pronosticar hasta cuándo los países que apoyan y ayudan a Israel en la consecución de la paz, lo seguirán haciendo si es que Israel continúa sin remar con ellos en la misma dirección.
Una situación peligrosa e insostenible por lo ridícula. Y si es premeditada, imposible adivinar a qué fines obedece, y de qué manera es útil al país y al proceso de paz.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.

jueves, 15 de octubre de 2009

Los extremistas son un obstáculo para la paz

La extrema israelí, como las demás corrientes extremistas en el lado palestino, aún se mantienen como los únicos grandes obstáculos para lograr la paz en el medio oriente. No es necesario ser de izquierda ni pertenecer a ninguna tendencia política, para ver que esa afirmación es innegable. Los hechos lo demuestran. Ya muchas veces hemos señalado que desde que el gobierno de Israel asumió el poder, no cesó la colonización en los territorios con la expresa intención de anexarlos, invalidando de esta manera la posición tomada por el primer ministro israelí, quien en su discurso en la Universidad de Bar Ilan, proclamó su acuerdo con el principio que establece dos estados para dos pueblos en el medio oriente.

¿En donde se habrá de instalar el otro estado si no es allí, justamente en los terrenos donde las colonias proliferan y en donde la construcción no es frenada? Una dualidad que no pasa desapercibida en los países interesados en solucionar el conflicto palestino-israelí, y en los pueblos que claman por la paz en la región. Un conducción a dos puntas que, ante la imposibilidad de encontrar soluciones, tiene por objeto dilatar la situación que por el momento se mantiene tranquila. Una dualidad destinada mantener la integridad de la coalición, y evitar problables anenazas a su jefe. Si Ytzjak Rabin hubiese conducido su gobierno en la misma forma, con seguridad no lo habrían asesinado. Ese fue el precio a su honradez política.

Esa carencia de definición acompañada con el consiguiente zigzagueo en la conducción del país, lleva ya demasiado tiempo. Eso es grave.

Pero tan o más grave aún, es constatar como esos grupos gubernamentales, basados en una exagerada y tonta auto sobrestimación, consideran innecesaria nuestra dependencia con los EEUU. Hasta se atreven a ensuciar la figura de su presidente tildándolo de enemigo de Israel, porque está en desacuerdo con la colonización de los territorios.

Es inaceptable que el gobierno, al poner en práctica exigencias movidas por anacrónicos ideales y al pronunciar perniciosas expresiones, esté dañando los tradicionales lazos amistosos que nos unen con los EEUU, nuestro incondicional aliado en innumerables aspectos. Un aliado que sin su ayuda económica, logística y política en el fuero internacional, sin su compromiso formal por velar por nuestra seguridad, tornaría muy oscuro el panorama existencial de Israel. Es un grave delito que se debería penar con la máxima condena que corresponde, pues poner en peligro el apoyo del país del norte, equivale a atentar contra la seguridad del estado.

Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.

viernes, 9 de octubre de 2009

Dos grandes escollos.

La paz no llega ni se vislumbra. El gobierno de Israel y la Autoridad Palestina no están dispuestos a sentarse y conversar. No quieren renunciar a posiciones que mantienen y que niegan la posible paz que esos pueblos claman. Ninguna de las parte esta dispuesta a ofrecer siquiera un sólo gesto que compruebe la sinceridad de sus deseos de llegar a un acuerdo amistoso.
Sólo dos renunciamientos, uno por cada parte, serían suficiente para que los enemistados dejen de mostrarse los dientes y comiencen a sonreir el uno hacia el otro. Israel puede y debe hacerlo aunque duela. Lo acaba decir el presidente de Israel Shimon Peres en el reciente mensaje dirigido a las Diásporas, cuando afirmó “La ocasión de alcanzar la paz está en puertas y no se la debe dejar pasar, aún si ello exige dolorosas concesiones”.
Entonces ¿porqué no comenzar solucionando el tremendo escollo que significan las colonias ilegales y la expansión en los lugares donde se tendrá que levantar el futuro estado palestino? Es un paso positivo que no pone en peligro su seguridad. No es ninguna concesión territorial. No es volver a incurrir en el craso error de entregar tierra alguna, sin antes concretar con el enemigo una paz duradera con fronteras aseguradas por la confianza mutua. Es sólo un inocuo gesto que pondrá en relieve la sinceridad de Netanyahu cuando hizo suyo en la Universidad Bar Ilán, el principo que asegura dos estados para dos pueblos.
Si la Autoridad Palestina quiere en realidad instalar su añorado país al lado de Israel y no en lugar de él, ¿porqué no abandona su obstinado rechazo de considerar a su futuro vecino como un estado judío? Su seguridad no corre peligro con ello, y con ello renovaría la esperanza de ver concretado su sueño. Ninguna de las partes está dispuesta a ser la primera en ofrecer esos inofensivos desprendimientos, que son la llave que abre los portones del recinto que alberga la paz. ¿Qué ocultan las autoridades de esos sufrientes pueblos?. ¿Es posible que puedan existir objetivos más importantes que llegar a esa meta? Lamentablemente, no hay duda que algo los frena.
Un buen paso hacia la paz hubiera sido si Benjamín Netanyahu durante su estupendo discurso en la UN, en la que dejó sin respuesta al régimen iraní y a las organizaciones mundiales, a los que tiró a las tablas con un rotundo knok out, hubiese anunciado ese positivo gesto en los territorios. Equivaldría a robustecer la imagen de Israel en los países que lo apoyan, esa imagen que tanto le molesta cuando es tergiversada, mientras que La Autoridad Palestina hubiese quedado en posición no muy cómoda ante la opinión mundial, al aparentar como único escollo para la paz.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel

viernes, 25 de septiembre de 2009

Lamentos sin fundamentos

Pinchas Wallerstein, director general del Consejo Yesha, se queja que las jóvenes parejas de colonos no tienen donde ir a vivir. Dice que el ministro de defensa Ehud Barak permite la continuación sólo de las construcciones autorizadas en los territorios, lo que considera insuficiente para satisfacer la enorme demanda de viviendas en las colonias. La derecha está convencida que los territorios conquistados durante la guerra del 67, son territorios recuperados. Son territorios que bajo ningún punto de vista deben ser devueltos porque formaban parte de los reinos bíblicos de Israel y Judea. La política colonizadora de esas tierras tiene esa finalidad y constituye una clara negación del principio de “dos estados para dos pueblos” sustentado por el primer ministro. El primer ministro lo sabe, pero no se opone como debería hacerlo demostrando con ello una ambigüedad que con evidente desagrado, no pasa inadvertida en los países que nos acompañan en la búsqueda de la paz en la zona. Existen en Israel otros lugares menos problemáticos en donde las nuevas parejas quejosas pueden construir sus nidos y dar solución a su legítimo problema. Pero insisten en hacerlo en esos territorios cuestionados por el mundo, poniendo escollos al comienzo de un camino que nos ofrece una esperanza de paz. No se debe permitir que añoranzas históricas encubran la visión de una posible paz. Es sensato preferir un hogar pequeño con paz y seguridad, a una patria grande y siempre amenazada. Dado el poderoso y sofisticado armamento que actualmente está en manos de la humanidad, la seguridad no la ofrece el tamaño del país ni las fortificaciones en sus fronteras, sólo la dan los convenios amistosos basados en la confianza mutua. Sería mucho más provechoso que el deseo de expansión de los colonos sea aplicado en poblar el Neguev como lo soñó Ben Gurión, o en levantar sus hogares en la Galilea, cuya población árabe ya supera a la judía. De los aproximadamente 1,5 millones de habitantes de la Galilea, el 52 % son árabes. Las proyecciones demográficas indican que en menos de 15 años, en esa región la población árabe constituirá el 90 % (Joseph Hodara). La derecha no lo ignora pero no le da a ese serio problema la importancia que tiene, prefiriendo satisfacer sus aspiraciones basadas en la historia, en vez de instalarse en lugares donde su presencia nos beneficiaría a todos. La política colonizadora en los territorios provoca el alejamiento del apoyo mundial a nuestra causa, e imposibilita el retorno a las conversaciones que siempre nos brindan una esperanza de paz.
Samuel Auerbach

martes, 22 de septiembre de 2009

Brisas de esperanza.

Nuevos vientos de paz soplan en el medio oriente. Iniciativas con capitales de particulares con suficiente sano criterio como para entender la necesidad de una convivencia pacífica en la zona, poniendo al olvido venganzas y aspiraciones mezquinas, sin presiones de grupos o de partidos, sin ansias políticas ni deseos egocéntricos, han promovido un movimiento que ya ha adquirido gran cantidad de adeptos entre los palestinos. Ya han puesto manos a la obra al ambicioso proyecto. Están construyendo una pequeña ciudad modelo sin enmascarados civiles armados caminando por las calles, para que los árabes que así lo deseen, puedan saborear el vivir en paz, libertad y prosperidad sin tener que imaginarlo. Una ciudad novedosa que se unirá a otras para formar el estado que siempre estuvo en la imaginación del pueblo palestino que, en su gran mayoría, aún se mantiene subyugado por propios correligionarios, quienes agrupados en peligrosas organizaciones de desalmados sin aprecio alguno por la vida, se han enloquecido por el afán de dominio y expansión.

Es imprescindible que el proyecto no fracase, por que desde hace mucho tiempo ese pueblo lo esta pidiendo a gritos y porque es un ingenioso y optimista intento de iniciar un nuevo camino que conduzca al fin del conflicto en la región. En el medio oriente, en la proximidades de Ramalla, se está levantando esa ciudad modelo llamada Rawabi que será una de las tantas ciudades del nuevo Estado Palestino que sabrá vivir en paz con sus vecinos. Existen entre los árabes quienes aprecian la calidad de vida en los países de occidente, en donde la mujer es libre y con los mismos derechos que el hombre, en donde se puede opinar distinto sin que sea torturado o asesinado por la autoridad, en donde la violencia es reemplazada por la cultura. Vimos recientemente a esa gente en Irán, una muchachada que clamó por el cambio. Pero allí también sucedió lo que siempre aconteció en el pueblo palestino: esos sueños fueron reprimidos con la cárcel, la tortura y la muerte.

Todavía no se conocen reacciones en Irán y en los grupos terroristas a las que arma y estimula. Es muy probable que consideren a los impulsores del proyecto como traidores y a los felices habitantes como herejes. Es difícil prever los acontecimientos. La sombra de la represión siempre existirá mientras existan los grupos extremistas que no admiten ningún cambio en sus anacrónicas costumbres. Es por eso que para que tanta felicidad, para que ese sueño dorado se concrete hasta el final, será necesaria la ayuda y protección del foro internacional, incluyendo a Israel.
Samuel Auerbach
Netanya, Israel.

Hay que frenar a Irán.

En el siglo XXI aún persiste el salvajismo de tiempos pretéritos, de la época en la que Nerón arrojaba gente a las fieras para divertir a las masas.

El concepto del perdón, caridad, humanidad, compasión y respeto por la vida, son reemplazados por odio, crueldad y venganza. La piedad y el dolor por el sufrimiento ajeno que no se conocía en aquellos tiempos, siguen sin ser conocidos en muchos lugares de nuestro planeta. Irán y sus secuaces aún viven en el oscurantismo de tiempos pasados. Sus leyes, costumbres y muchos hechosque fueron registrados con cámaras fotográficas o de video, no caben dentro del mundo civilizado de hoy. Escenas desgarrantes que hieren al más insensible, convertidos ante sus ojos en fríos y rutinarios espectáculos como los que fueron en tiempos prehistóricos, se repiten cuando aplican la ley divina a su pueblo, en la lucha interna por la hegemonía de grupos y en el esfuerzo por eliminar al Estado de Israel. Sacar a colación algunos de sus cruentos actos sería manchar con sangre inocente y sensación de repugnancia a esta nota. Sin dar detalles sólo recordemos la barbárica muerte de una niña en Naharía, y cómo después de 30 años el asesino es aclamado en El Líbano donde el grupo Hisballah tiene su sede.

No dejemos de lado la triste importancia que tiene la educación que Hamas imparte a sus niños y jóvenes en las escuelas de sus campamentos de verano, en donde el terrorismo, el odio y el culto a la muerte son parte del programa de estudios. ¿Qué más se necesita para tener la certeza de estar frente a peligrosos seres sin frenos y con desprecio completo por la vida, esa maravillosa vida que tanto nos enseñaron a protejer y amar?.

Es por eso que en propia defensa, el occidente debe dejar de vacilar en detener el proceso que terminará con la introducción del poder destructivo de la bomba atómica en los arsenales de esta gente, en los almacenes bélicos de terroristas que no tienen líneas rojas en la ejecución de sus planes, que quieren borrar del mapa a un país vecino que no los amenaza y que sueñan con islamizar al mundo. El continuo empeño de Irán en desarrollar misiles de largo alcance que pueden llegar a Europa, demuestran que no sólo Israel se encuentra en su mirilla. El poder atómico en manos irresponsables, es un paligro para todos los seres vivientes. El tiempo marcha peligrosamente en progresión geométrica a favor de una segura hecatombe. No falta mucho que la cuenta regresiva llegue a cero. Es necesario frenar esa carrera demencial, antes de que sea demasiado tarde.

Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.

viernes, 18 de septiembre de 2009

El juez que cayó en la trampa.

El maquiavélico ardid de Hamas le reportó rotundos éxitos, algunos previstos y otros inesperados. Su plan consistió en provocar a Israel para que ataque a Gaza. Aún sabiendo de antemano que militarmente no tendría ninguna posibilidad de triunfar, su real propósito fue despertar en el mundo apoyo y compasión por el débil y censura hacia el fuerte. Gracias a la falta de sensibilidad y desprecio por la vida que caracterizan a los grupos terroristas, le fue muy fácil a Hamás poner en marcha su siniestro plan. Cuanto más víctimas se producían en Gaza, mayor el impacto que produciría. Con ello se explica el almacenar arsenales en escuelas, hospitales, mezquitas, casas particulares; el lanzamiento de proyectiles en zonas densamente pobladas; el usar a humanos como escudo, el negar refugio a civiles a pesar de la advertencias del ejército israelí etc., etc. El éxito de Hamás se hizo notar en capas con manifiesta simpatía hacia él, que desgraciadamente existen en gran cantidad y con gran influencia política. El mundo antisemita estuvo incondicionalmente de su lado con estruendosas manifestaciones públicas apenas iniciadas las acciones bélicas. Al poco tiempo de terminada la guerra, cayeron en el juego de Hamás instituciones en el orden mundial, como ser Amistía y la Cruz Roja, y con bastante dilación, lo hizo recientemente el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas con la comisión que encabeza el juez Richard J. Goldstone, que no tuvo en cuenta en su informe que Israel no tuvo otra alternativa que atacar para defender a su pueblo. El juez no tuvo en cuenta en su informe, que durante ocho años nadie hizo nada para convencer a Hamás que dejara de hostigar a inocentes pobladores, pero en cambio se ordenaba insistentemente a Israel que detenga su defensa. La paciencia frente a los incesantes bombardeos y rupturas de treguas por parte de Hamás, no pudo durar más que ocho años. Las muertes, daños físicos y traumas psicológicos aún no superados, hacían insoportable la vida a más de un millón de israelíes y era imposible seguir manteniendo pasividad por más tiempo. El juez Goldstone no lo dice en su informe. Culpó a Israel por el efecto que sus balas produjeron sobre los civiles en Gaza, sin indultarlo por las evidencias que demuestran que Hamás los empujó deliberadamente a la muerte. También el juez cayó en la trampa tendida por Hamás.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Conversemos.

Ven, siéntate al lado mío y conversemos como dos amigos. Dentro de unos días cumpliré un año más y pensé qué mejor para celebrarlo, que contribuir a abrir una nueva página en nuestras relaciones. Sé que me odias y que no aceptas mi amistad. Es por un rato corto solamente. Yo no te odio y aunque sea judío no creas que te perjudicaré si te sientas a mi lado para charlar. Al contrario, quiero ayudarte porque sé que estás enfermo aunque tú no lo sepas.
Quiero ayudarte a eliminar de tu cuerpo una espina maligna que no te deja razonar. Una espina que segrega un veneno que obnubila y te oculta el saber que soy un ser como todos los seres humanos. Ni mejor ni peor que los demás. Con sus mismos defectos y sus mismas virtudes.
Tienes clavada una espina maligna que hace que me odies, sin que tengas motivos ni te interese encontrarlos. Que hace que aseveres historias improbables que me culpan, y no quieras saber de verdades que me absuelven. Que siempre me recrimines los daños que alguna vez te pude haber producido, sin que jamás recuerdes la inmensa cantidad de bondades que durante el transcurso de los siglos te brindé. Las heridas que te pudieron haber causado los errores y los males que se me deslizaron, son las mismas heridas que por los mismos errores y los mismos males, gentiles como tú, tantas veces te laceraron. Pero tu enfermedad hace que sólo a mí me juzgues y me lo reproches.
¿Te das cuenta ahora de qué manera esa espina que quiero ayudarte a extirpar, no te deja pensar como deberías, y te hace actuar injustamente? Te diré, aunque te duela, que estás muy enfermo de antisemitismo. Así se llama esa horrible y milenaria enfermedad que tú padeces, que me daña y te daña. Me daña y hasta peligra mi vida durante sus crisis. Te daña porque te envenena con odio, y el odio es uno de los peores sentimientos. Odio es el antónimo de amor. Feliz es el que ama, desdichado el que odia.
Pero... ¿alguna vez te preguntaste a tí mismo cómo y porqué te enfermaste?. Nunca te lo preguntaste porque esa enfermedad, que ataca a la zona cognitiva del cerebro, hizo que nunca supieras que estabas enfermo. Es por eso que yo quiero darte una mano. Puede ser que sea útil el explicarte cómo se produce. Escucha bien. Es una enfermedad que se inculca tempranamente a través de una persistente educación impartida por educadores atacados por la misma enfermedad. Una vez inculcada, se instala en el subconsciente como una espina clavada en profundidad, como son todas las ideas que se absorben en la niñez.
Reconozco que a pesar de mi ayuda, te será dificil curarte. Aunque sea por un instante, trata de no odiarme. Sé que te será muy dificil imaginarte que ya no guardas más esa espina. Pero si lo logras hacer, te darás cuenta qué necio fuiste y cuán equivocado estabas cuando conceptuabas a este judío sentado al lado tuyo, que ama a la paz entre los hombres, que no te odia y detesta que lo odies. Este judío que siempre soñó con ser tu amigo.
Samuel Auerbach.
Netanya, Israel.

martes, 8 de septiembre de 2009

El timonel mejoró su rumbo.

El giro hacia la izquierda que Netanyahu dio a su política, originó claras demostraciones de aprobación en el mundo occidental, y una reacción adversa en los grupos que facilitaron su ascenso al poder. Se ha llegado a una situación semejante a la que provocó la ruptura del Likud en el año 2005, y que dio motivo al nacimiento de Kadima liderado por Ariel Sharón. Cabe recordar que en aquel entonces, los disidentes del likud capitaneados por Benjamín Netanyahu, provocaron esa ruptura partidaria en respuesta a las declaraciones pronunciadas por su líder por las que aceptaba otorgar “dolorosas concesiones” al enemigo y por llevar a cabo un plan de retirada unilateal israelí. Ahora Netanyahu está viviendo una situación parecida a la que Sharón vivió en aquel entonces. El admitir el principio “dos estados para dos pueblos”, las promesas de desmantelar las colonias ilegales y congelar las nuevas construcciones en los territorios, sobrepasaron el cupo de paciencia que la derecha estaba soportando. Miembros de la derecha, entre los que se encuentra el presidente del parlamento Reuvén Rivlin, comenzaron a levantar su voz de protesta. ¿Les causarán más adelante a Netanyahu lo que Netanyahu le causó a Sharón?. El giro del primer ministro lo hace factible.

La historia se esta poniendo interesante. Una posibilidad es que la derecha siga tragando saliva y mordiéndose los labios como lo hicieron hasta ahora, con tal de no abandonar el gobierno y verse gobernada por la izquierda. En caso que los nuevos disidentes se retiren de la coalición, no creo que Netanyahu forme un nuevo partido como lo hizo Sharón. También descarto que a último momento se produzca un marcado arrepentimiento de su parte, que en nada contribuiría a su buen nombre en el ámbito internacional, a pesar del zigzagueo demostrado últimamente que mucho enojó a Obama, su socio en lograr la paz en la zona. Quedan dos alternativas: Una muy poco probable, llamar a nuevas elecciones, y la otra más factible, mantener su liderazgo volviendo a ofrecer su ingreso al gobierno a Tzipi Livni y su partido Kadima, cuyos postulados no se alejan en mucho a los que actualmente orientan a Netanyahu. En este caso no podrá oponerse en aceptar lo que una vez le negó: alternar con ella la jefatura del país, si es que ella aún insiste. El giro que Netanyahu le dio a su timón, ¿fue en respuesta a presiones externas?, ¿fue en realidad un cambio en su manera de pensar o una maniobra que tenía prevista?, ¿usó a la derecha sólo para llegar al poder?. La inteligencia y sagacidad demostrada por el primer mandatario en otras ocasiones, ponen a estos interrogantes en la lista de posibilidades.
Samuel Auerbach,

miércoles, 19 de agosto de 2009

El camino y su destino.

La derecha israelí está convencida que la colonización de los territorios le otorga más seguridad a Israel, al alejar sus fronteras de los principales centros poblados. Afirman, para justificar los asentamientos, que con ellos se anexa al país lugares bíblicos que históricamente nos pertenecen, y que con la colonización impiden la creación de un país enemigo al lado nuestro. Están convencidos que Israel no tiene con quien hablar de paz porque los palestinos no nos quieren en la región. Nos quieren echar al mar con la pretención de instalarse en lugar nuestro. Son aseveraciones algunas discutibles y otras inaceptables a los ojos de los que ven en la paz, la cabeza de las prioridades del pueblo de Israel.

El alejamiento de las fronteras de los principales centros poblados no significa para esos centros ninguna seguridad. Y si así fuere ¿qué otras fronteras protejen a los colonos instalados en ellas? ¿O ellos no son tan israelíes como los que viven en Tel Aviv o Kfar Saba?. La seguridad de Israel no debe estar basada sólo en fronteras militarmente seguras, que por otro lado, dudo que hoy las haya, sino en la certeza de una paz sincera y duradera avalada en la confianza mutua, como sucede en el resto del mundo.

No dejemos que los derechos históricos dibujen los límites de Israel sacrificando a la paz. Dejemos que la paz lo haga aunque sacrifiquemos anacrónicos territorios bíblicos.

Es muy cierto que existe esa clase de árabes, los terroristas asesinos que nos odian, como también existe en Israel, la derecha idealista que no quiere a los palestinos. No todo Israel es la derecha y no todos los palestinos nos odian. El pueblo palestino contiene hombres, niños, mujeres y ancianos que quieren vivir en paz. Son seres humanos que atraviesan un infierno, suyugados, atemorizados y asesinados por fuertes grupos de fanáticos enfermizos, armados hasta los dientes por países enloquecidos. Son seres humanos que aceptan que en la región se establezcan dos estados con dos pueblos que ansian vivir en paz y en armonía. Esa debe ser nuestra meta, hacer de Israel un hogar que, aunque paqueño, albergue a judíos que puedan ver a sus hijos crecer sin amenazas de guerras. Es su camino el que nos debe guiar, es su destino al que tendremos que llegar.

Samuel Auerbach
Netanya.