martes, 1 de junio de 2010

La maniobra árabe se repite

Los árabes convencidos que el arma bélica es ineficaz para aniquilar a Israel, vuelven a recurrir al arma psicológica. En diciembre del 2008 Israel ataca a la organización terrorista que gobierna en Gaza, como respuesta a ocho años de bombardeo a una zona con más de un millón de israelíes. Los terroristas sabían que los israelíes en algún momento accederían a esa clara invitación a atacar que Hamas les extendió. Con exactitud maquiavélica prepararon el terreno de forma tal que entre las víctimas haya mayor cantidad de civiles. Si bien casi todos sus arsenales fueron destruidos, obtuvieron excelentes resultados psicológicos, favorecidos por el antisemitismo dominante en muchas organizaciones internacionales.
Ahora, a fines de mayo del 2010, los enemigos de Israel le invitan a que use la fuerza contra civiles que quieren romper el bloqueo marítimo a Gaza impuesto por el gobierno israelí. El bloqueo marítimo tiene como única finalidad impedir que Hamas se fortalezca con armas que podría recibir por esa vía. El abastecimiento vital y la ayuda humanitaria se realiza a través de puestos terrestres bajo el estricto control israelí. Si la finalidad de las ocho naves con 800 activistas contrarios a Israel a bordo, muchos de ellos relacionados con organizaciones terroristas, era sólo hacer llegar ayuda humanitaria a Gaza, no había razón alguna para que no lo hagan por los pasadizos pacíficos establecidos en sus fronteras, como se les ofreció facilitar, o por intermedio de la Cruz Roja. Su negativa a hacerlo fue una incuestionable declaración de querer romper por la fuerza el bloqueo marítimo.
Y la fuerza trae violencia. Los activistas atacaron con armas y objetos como invitando a las fuerzas armadas a actuar, y lo lograron como es natural y permitido. Muertos, heridos , palazos, hierrazos, tiros y cuchilladas son feos detalles que se podrían haber evitado si los organizadores del “rompe bloqueo” hubieran permitido descargar la carga humanitaria en el puerto de Ashdot e introducirla a Gaza a traves de los puestos de conrol terrestres. Pero se negaron porque la ayuda humanitaria no era el principal motivo, mejor dicho, era sólo un pretexto.
Suponer que los 800 civiles que componían la misión creían que Israel no interceptaría su rumbo a Gaza, es una ingenua utopía. No creo que alguno de ellos se podría imaginar que nadie impediría su paso. Pero, de cualquier forma, no tenían nada que perder. Por el contrario, siempre saldrían beneficiados. En el supuesto y remoto caso que la marina israelí no se hubiera atrevido a usar la fuerza contra civiles y hubiesen llegado a Gaza, los provocadores se hubieran convertido en héroes de la causa palestina que lograron la tremenda victoria de atravesar el bloqueo, demostrar que Israel no es tan fuerte y establecer un antecedente que estimularía a futuras intentonas del mismo tenor. Y si por el contrario Isreael atacaría, se repetiría la ola antiisraelí mundial semejante a la que se desató después de la acción “Plomo Fundido”. Así es, la misma situación de aquel entonces se repite ahora. El antisemitismo internacional no ha cambiado.
Samuel Auerbach.
Natanya, Israel.

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